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Póngame un cuarto de millón anual de inmigrantes daneses

Por Gabriel Le Senne
jueves 27 de mayo de 2021, 04:00h

Los medios de masas que nos pastorean tienden a entretenernos con anécdotas mientras nos hurtan lo importante. Allá por noviembre, el PSOE ya anunciaba que, según sus estimaciones, nos harían falta unos 250.000 inmigrantes al añopara pagar las pensiones”. Ahora Pedro Sánchez traslada la estimación a su Plan España 02050 (el ctrl-C ctrl-V lo domina desde su tesis).

Esto merece darle unas vueltas, pero enseguida nos distraemos con que si el empleo del futuro es jardinero de Minecraft, con que si VOX va por ahí queriendo manifestarse y provocar y claro, hay que ponerse violentos, o con que si el Gobierno indulta o no, porque hay que perdonar y no aplicar la ley, en plan revanchista. Acabo de oír a su Sanchidad parafraseando el Eclesiastés: “hay un tiempo para el castigo y un tiempo para la concordia”. Es típico de la acción diabólica citar las Escrituras para justificar el mal.

Volviendo a nuestro tema, dice Juan Soto Ivars que “si seguís tildando de fascistas a gente honesta y normal que dice cosas razonables, entonces cada vez más gente acabará pensando que los fascistas son gente honesta y normal que dice cosas razonables.”

Y sale esta Ana Iris Simón, y suelta en pleno acto de propaganda 02050 cuatro verdades razonables propias de fascistas, como que los jóvenes no pueden formar familias, o que algunas cosas estaban mejor en tiempos de nuestros padres. Lo malo es que las suelta envueltas en consignas y soluciones irrazonables de socialistas: ataques al capitalismo o a nuestra historia, o propuestas consistentes en más intervencionismo.

La brutal crisis demográfica, evidencia de una brutal crisis social subyacente, tiene dos vertientes conectadas: económica y cultural. En lo relativo a la económica, lo que necesitamos no es más intervencionismo, más socialismo, sino menos: nunca hemos necesitado, a lo largo de la historia, ayuda para reproducirnos. Lo que necesitamos es que nos dejen trabajar y que no nos masacren a impuestos.

Si falta el trabajo es precisamente debido a las normas que lo asfixian. El trabajo humano es infinito. Siempre podremos pensar ocupaciones útiles donde emplear a la gente. Si no es jardinero de Minecraft, serán otras mil cosas que no podemos anticipar. Si tenemos desocupadas personas capaces y dispuestas para el trabajo, es por una mala organización social. Esa mala organización es la normativa laboral, que dice pretender ayudar a los trabajadores, cuando lo que hace es producir parados, especialmente jóvenes.

Ya oigo a algunos quejarse: ¡pero si flexibilizamos las normas, si damos libertad, entonces las condiciones de esos empleos serán indignas! Serán las que marque el mercado: oferta y demanda. Si queremos que mejoren, no hay soluciones mágicas: seguridad jurídica e impuestos bajos, para ir mejorando poco a poco a base de trabajo. Así hemos llegado desde la cueva hasta donde estamos.

Respecto a la vivienda, su elevado precio responde igualmente en su mayor parte a problemas debidos al intervencionismo. La normativa urbanística encarece el suelo, mientras los tipos de interés artificialmente bajos merced a la acción de los bancos centrales promueven el endeudamiento, inflando la burbuja.

Vamos ahora con la parte cultural. La resume brillantemente Juan Manuel de Prada; cita libre: “tenemos una muchedumbre obsesionada en el disfrute de bienes materiales y derechos de bragueta. Una juventud parasitaria y hedonista. El aborto, el sopicaldo penevulvar, la autodeterminación de género, todas las aberraciones que hoy se proponen como modelos de ejemplaridad a vuestros hijos. Habéis vuelto la espalda al Dios hecho carne que comulgaban vuestros padres. Revolveos contra el mal que os destruye.”

Mientras, Sánchez aborda el problema con el cinismo que le caracteriza: “Sabemos que de aquí al año 2050 es más que probable que España tenga casi un millón de estudiantes menos entre los 3 años y los 24 años. Si lo gestionamos bien esto, en lugar de ser un drama, puede ser una enorme oportunidad para permitirnos duplicar nuestro gasto por alumno hasta equipararlo con el que ya tiene Dinamarca sin incurrir en ningún incremento del gasto público actual”.

A lo mejor es que el cuarto de millón anual de inmigrantes son daneses que están deseando pagarnos las pensiones y los estudios. Esos daneses que vienen en cayucos, cruzan a nado y saltan las vallas con sus galletas de mantequilla.

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