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La urgente reconstrucción nacional española

Por Gabriel Le Senne
jueves 24 de junio de 2021, 04:00h
Pedro Sánchez es la reedición de Zapatero, corregido y aumentado. El contador de nubes inició el guerracivilismo con su ley de memoria histórica, impulsó el feminazismo y la ideología de género, con su Zerolo, con su Aído y su Pajín. Por cierto, las busco y veo que la primera es representante de ONU Mujeres en Ecuador, mientras que la segunda es directora del Instituto de Salud Global de Barcelona, entidad respecto de la que lo primero que me aparece en el buscador son sendas aportaciones de la Fundación Bill y Melinda Gates para investigar vacunas y el virus chino.

Los amos del mundo premian a sus siervos, como siervos son Zapatero y Sánchez. El primero sabemos que anda desde hace un tiempo por Hispanoamérica sirviendo a Maduro y al Grupo de Puebla, que expande el socialismo del siglo XXI por un país tras otro: ahora son Perú y Chile los que están en el alambre. Esta colaboración con dictaduras comunistas muestra a las claras la verdadera cara del buenista ZP, el del talante. El otro día, por cierto, la UNESCO (la ONU en educación) conmemoraba al guerrillero comunista Che Guevara, mostrando a las claras de qué pie cojean también los buenistas organismos internacionales.

En cuanto al problema del separatismo en España, Zapatero ya desplegó esta estrategia de supuesta concordia y apaciguamiento. Recordemos su paz negociada con la banda terrorista ETA y el inconstitucional nuevo Estatuto catalán. Recordemos sus palabras a Pedro J. Ramírez en 2006: “Dentro de 10 años España será más fuerte, Cataluña estará más integrada y usted y yo lo viviremos". Diez años después, el 1-O. Nadie podrá sorprenderse ya de lo que llegue diez años después de estos indultos de los sediciosos del 1-O.

Siendo el único objetivo de los separatistas la construcción nacional catalana (como prueba, por ejemplo, el sistemático Programa 2000 de Pujol), está claro, y lo confirma continuamente la experiencia, que ninguna cesión puede mejorar la situación. Lo único que puede hacerlo es lo que hacen las naciones más sólidas: ignorarles.

Vean al Reino Unido. ¿Ha mejorado algo su situación el referéndum escocés? Claro que no. Ha sentado un precedente, y repetirán el referéndum las veces que sean necesarias, hasta que salga el único resultado que aceptarán: la separación. Vean por el contrario el caso francés: se oponen al separatismo, hasta el punto de declarar inconstitucional la inmersión lingüística en otra lengua que no sea el francés. Tienen el problema más o menos controlado, y con el tiempo acabará desapareciendo, o al menos no irá a peor.

Somos muy acomodaticios. Los catalanes recibían al Caudillo en loor de multitudes. Otro ejemplo lo acaban de dar ahora los empresarios y la Iglesia catalana, acudiendo prestos a declarar lo que convenga a Sánchez. La mayoría se deja llevar por la corriente; se arrima al sol que más calienta, donde puede hacerse carrera. Si manda Franco, pues loas e insignias a Franco, pero si el poder y el dinero los tiene el separatismo, pues separatistas todos.

España lleva 40 años en deconstrucción. Desde el café para todos, se les han entregado cada vez más competencias, cada vez más presupuesto, hasta el punto de que el Estado casi ha desaparecido de gran parte en España, y pronto lo hará lo poco que queda (la Guardia Civil, por ejemplo). Hasta Asturias o Aragón resucitan sus lenguas propias, herramientas esenciales para la construcción nacional. Pero España es una nación con siglos de vida en común, y eso se traduce en fuertes vínculos y tradiciones compartidas, en la sólida organización administrativa heredada de los regímenes liberales del siglo XIX y principios del XX, que está siendo sistemáticamente desmantelada. Estos años hemos estado viviendo de rentas, pero todo se acaba.

Sólo un proceso equivalente pero de signo contrario, de (re-)construcción nacional española, mantenido en el tiempo, puede revertir la atomización de España. Para ello es indispensable reivindicar nuestra excepcional historia común, retomando la cultura, la educación y los medios de comunicación. Si lo seguimos postergando, vendrá el llanto y el crujir de dientes, porque el conflicto nos afectará a todos.
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