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Medida acertada

martes 29 de junio de 2021, 04:00h

El gobierno central ha decidido imponer a los ciudadanos británicos que visiten nuestras islas unos requisitos referentes a la covid 19 idénticos a los de otros ciudadanos de la Unión Europea, certificado de vacunación completa o PCR negativa con una antelación máxima de 72 horas.

Esta decisión viene a corregir el absurdo que suponía eximir a los británicos de las medidas vigentes para el resto, incluidos los ciudadanos de otras comunidades autónomas españolas. Desde la perspectiva sanitaria la medida es correcta, aunque quizás no ha sido tomada con criterios sanitarios sino políticos, en el contexto de la creciente tensión entre la UE y el Reino Unido en materia de viajes y movimiento de ciudadanos, entre otros muchos puntos de fricción que están apareciendo de una manera inexorable tras el 'brexit', fruto de la voluntad del gobierno británico conservador antieuropeo de incumplir o tensar hasta el límite el cumplimiento de muchos de los temas que forman parte del acuerdo de separación, sobre todo y muy en especial el estatus de la frontera de Irlanda del Norte con la república de Irlanda.

No es de extrañar. Desde hace siglos la postura de los ingleses, no de las otras naciones británicas, es de un indisimulado sentimiento de desdén prepotente y de superioridad respecto del continente europeo, y las más de las veces que han firmado tratados han acabado incumpliendo aquellos aspectos que no les convenían, mientras se han aferrado hasta a la más pequeña de las letras de las cláusulas que sí consideraban beneficiosas.

La pandemia no ha terminado y acabamos de asistir a un contagio masivo de estudiantes en viajes de fin de estudios que ha tenido lugar aquí en Mallorca, aunque eso no quiere decir que el origen haya estado en nuestra isla. La inconsciencia, el comportamiento irreflexivo y desenfrenado de los estudiantes y la irresponsabilidad, la codicia y el ansia de negocio de los organizadores de las fiestas a las que acudieron los estudiantes han mezclado un cóctel con resultado de contagio masivo, probablemente a partir de algunos de ellos que ya venían infectados previamente.

El relajamiento de las medidas de aislamiento tiene esa consecuencia, el incremento de casos, precisamente, entre la población que más se mueve e interactúa, los jóvenes, que es, además, el segmento de población con un ínfimo porcentaje de vacunación. Claro que, como ya sabíamos, ellos presentan infecciones asintomáticas o leves, que casi nunca requieren hospitalización, solo excepcionalmente ingreso en la UCI y prácticamente nula mortalidad.

Pero ello no quiere decir que este rebrote esté exento de peligros. Los jóvenes tienen padres, madres, abuelos y abuelas y otros parientes, algunos de los cuales estarán en la franja de edad de 60 a 69 años, que todavía tiene un porcentaje bajo de vacunación completa, porque se les está administrando la vacuna de Astra Zéneca, que tiene un amplio desfase temporal entre la primera y la segunda dosis, y este grupo sí es de riesgo de enfermedad grave e ingreso en la UCI y de elevada mortalidad. Y otros estarán en la franja de 40 a 50 años, que también se encuentra aun en un porcentaje bajo de vacunación completa y tienen también mayor riesgo de complicaciones graves que los más jóvenes.

Y todo ello se complica si tenemos en cuenta que la variante delta (india) avanza inexorablemente, es mucho más contagiosa, más virulenta, y contra la que la primera dosis de la vacuna proporciona una protección muy limitada, si bien es cierto que sí evita infecciones graves.

Y la variante delta es la predominante absoluta en Gran Bretaña, hasta el punto de que incluso, aunque el Reino Unido tiene un porcentaje de población vacunada muy superior a la nuestra y a la del resto del continente, todos los parámetros epidemiológicos han empeorado sustancialmente y han llevado al gobierno británico a posponer el levantamiento definitivo de las medidas anti-covid.

No necesitamos que los ingleses nos traigan masivamente la variante delta del virus, que de todos modos acabará siendo predominante entre nosotros, pero necesitamos tiempo para conseguir un porcentaje suficiente de población con la vacunación completa.

La medida de exigir a los británicos un certificado de vacunación completa o una PCR negativa de no más de 72 horas es, por tanto, plenamente acertada.

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