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Discoteca Vs Botellón

Por Francesca Jaume
lunes 12 de julio de 2021, 04:00h

No contagian los espacios, contagian las personas. La entrevista publicada este domingo en mallorcadiario.com al nuevo presidente de la patronal del ocio nocturno balear -Abone-, Miguel Pérez-Marsá y sobre todo su afirmación de que "Con el ocio nocturno abierto la quinta ola de Covid habría sido menos virulenta" es un llamamiento a la reflexión de cara a la estigmatización que han sufrido ciertos sectores a raíz de la pandemia del COVID-19.

Este fin de semana, sin ir más lejos, cualquiera que paseara por las playas o por los paseos marítimos podía comprobar la generalizada relajación de muchos ciudadanos en la observancia de los protocolos mínimos para evitar más contagios por coronavirus. Las distancias de seguridad brillaban por su ausencia. En un momento en que se ha banalizado el derecho fundamental a la libertad midiéndolo en las opciones de ir a tomar una cerveza o comerse un chuletón, a muchos se les antoja una “tocada de narices” verse obligados a evitar las aglomeraciones o ponerse la mascarilla en espacios concurridos.

Las normas las sabemos, pero hay distensión en su cumplimiento y los hospitales se están llenando otra vez a marchas forzadas. No damos importancia a cada paso que damos por pequeño que sea, no calibramos que el contagio puede estar donde menos pensamos. Existe mucho lavado de conciencia en la responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros en la lucha por evitar más olas de contagios, con sus consiguientes efectos para la sociedad y la economía.

No debería de ser así, porque va contra la naturaleza humana, pero está claro en estos momentos todas las actividades que impliquen control sobre el comportamiento de los ciudadanos son más convenientes que las que permiten un mayor libre albedrío. Y sí, elegir por elegir, los locales de ocio nocturno son preferibles a los descontrolados botellones, (aunque mucho personal botellonero no pisa las discotecas por razones crematísticas). Esta es la triste conclusión a la que nos lleva las acertadas palabras de Pérez-Marsá. Por desgracia, sin control no se cumplen las normas.

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