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Poder, Franco y la izquierda

Por Pep Ignasi Aguiló
martes 10 de agosto de 2021, 05:00h

El régimen nacionalista de Franco en materia económica estuvo orientado a organizar un enorme sector público que contemplaba ferrocarriles, minas, telecomunicaciones, distribución de petróleos y energía, transporte marítimo, aéreo y por carretera, además de varios sectores industriales relevantes. De hecho, para impulsar la industrialización en 1941 creó el Instituto Nacional de Industria que construyó, de forma directa, fábricas de aluminio, de nitrato, de camiones, de automóviles, grandes siderurgias, astilleros, refinerías, etc.

Controló, y limitó, los precios de muchos bienes básicos, congeló los alquileres y aceptó subidas salariales más allá de los incrementos de la productividad, como las promovidas por su populista ministro de trabajo Girón, quien también impulsó la institucionalización "paga doble" del verano. Utilizó lemas como el “ni un español sin hogar”, creando el Instituto Nacional de Vivienda y la Obra Sindical del Hogar, que se embarcaron en intensos programas de construcción de viviendas sociales. También instituyó un sistema de seguros sociales de tipo asistencialista. Y, lógicamente, nunca le hizo ascos a la inflación.

El corporativismo, le llevó a establecer una política netamente prohibicionista, en donde cada sector económico estaba cerrado y protegido de la competencia mediante claras, o sutiles, barreras de entrada.

Evitó, por todos los medios, cualquier intento de liberalización de la actividad económica. Sólo aceptándolo cuando no le quedó más remedio por la quiebra del sistema. De hecho, inicialmente, para evitar el malestar que cualquier estancamiento económico conlleva utilizó profusamente la propaganda a través de unos medios de comunicación puestos a su servicio. Hasta 1960 España fue uno de los países más pobres de Europa.

Cuentan que cuando, ante la catástrofe económica que esa política estaba propiciando, Alberto Ullastres y Navarro Rubio presentaron al dictador el plan liberalizador de 1959, éste los despreció diciéndoles “Hagan ustedes lo que les dé la gana”. Como cuando el 12 de mayo de 2010 Zapatero anunció ante el Congreso, circunspecto y cabizbajo, el programa de ajustes y recortes más duro de nuestra generación, que dejaba de lado su buenísimo electoral.

¿Cuáles son las diferencias con las políticas económicas de los actuales gobiernos de coalición izquierdistas-nacionalistas de España o de Baleares? Ciertamente, las del franquismo guardan algo más que un parecido razonable con las predicadas por los aliados en el poder. De hecho, si no fuera por nuestra pertenencia a la UE serían casi como dos gotas de agua.

Y es que el intervencionismo tiene una larga trayectoria en España, mientras que en Baleares es un fenómeno más reciente por haber tenido una tradición algo más liberal, que se está perdiendo. Se trata de una corriente de opinión que históricamente ha sido promovida por las élites más próximas al poder. Los intelectuales intervencionistas eran los conservadores que defendían el statu quo que les beneficiaba. Sin embargo, desde la caída del Muro de Berlín y el consiguiente hundimiento del llamado socialismo real, la actual izquierda es la que ha abrazado esta forma de pensar y actuar, atrayendo a una parte importante de los capitanes empresariales y funcionariales ya instalados. El ansia de poder es el gran atractivo del intervencionismo.

Definitivamente, el poder es el poder, por lo que para los actuales dirigentes de las coaliciones izquierdistas-nacionalistas gobernantes Franco es sin duda una obsesión, pero en cuestiones económicas, por sus cuarenta años en el machito, es también una fuente de inspiración.

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