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Hijos de Putin

Por Gabriel Le Senne
jueves 03 de marzo de 2022, 04:00h

Debo confesar que estoy confuso, como descolocado. Rufián critica que Putin sea nacionalista. Federico critica que sea comunista. La ultraizquierda critica que Putin sea de ultraderecha. Concluyo que Putin puede ser cualquier cosa, mientras nos resulte odiosa. Bueno, no sé si Rufián odia el nacionalismo.

Biden no me ayuda a aclararme: “Putin puede rodear Kiev, pero jamás logrará conquistar el corazón de los iraníes”. ¿Los iraníes? Estarán luchando junto a los musulmanes chechenos. Pero entonces, Putin ya habría conquistado su corazón, ¿no? Porque los chechenos luchan para Rusia. Aunque antes fueron enemigos. Pues como los afganos. Por cierto, que los talibanes piden moderación y una solución negociada. Claro, los talibanes piden moderación, igual que Rufián critica el nacionalismo. Los cerdos vuelan, por el mar corren las liebres, y para que no nos liemos tanto, nos censuran las noticias rusas. Sólo falta que occidente (hoy toca con minúscula) se termine de aclarar y nos dé la propaganda más ordenadita. No pasa nada, es normal; cuesta organizarse cuando hay estos sobresaltos y aún no se sabe qué quieren los que mandan.

Miren a Sánchez, que no envía armas, pero sí, pero qué sé yo. Mas no olvida lo básico: reclama “enfoque de género” y “salud sexual” en la guerra. Y mascarillas, por Dios, que no olviden los ucranianos llevar mascarillas al frente. Por cierto, ucranianos y rusos tienen en común que están poco vacunados. Si hay algo peor que ser hoy ruso en occidente, es ser ruso y no vacunado. En ese caso ya pueden darse por muertos. No sé si es más caritativo acoger a un ucraniano o a un ruso. En cualquier caso, menos mal que ya se puede tener a no vacunados a cenar en casa.

Tratemos de extraer algunas conclusiones. La primera es no creerse nada, porque sabemos que recibimos información falsa, pero sólo de una de las partes en conflicto. Uno tenía la esperanza de recibir las falsedades simétricamente, y de ello poder intuir la verdad en algún punto intermedio: pues no va a poder ser.

La segunda son las nuevas consignas de moda: empezaron con el ‘No a la guerra’ hasta en el fútbol, pero ahora se han dado cuenta de que eso es un poco ambiguo. Ahora la consigna es cagarse en Putin y en su madre Rusia de todos los modos posibles, y con eso y los colores ucranianos en el perfil, el buen tragacionista puede estar seguro de no salirse de la corriente.

La tercera, que atacar países y romper tratados está muy mal. Salvo en el caso de Yugoslavia, Irak, Libia, Siria, Afganistán, o, en general, cualquier otro iniciado por Estados Unidos o la OTAN. En esos casos, hay que inventar buenas excusas, o al menos excusas que se tarde un poco en desmontar. Si Rusia hubiera afirmado que en Ucrania hay armas de destrucción masiva, por ejemplo, sería otra cosa. O podría haberse hecho explotar un acorazado en Odesa, o algo así un poco más imaginativo.

Cuarta: occidente es democracia, mientras que el ruso es un régimen despreciable. En Rusia manda un señor irracional. En occidente en cambio, manda mucha más gente (irracional también). No está muy claro quiénes; servidor, desde luego, no. Usted seguramente tampoco. A ver, seamos serios: creo que podemos estar de acuerdo en que por el momento nuestro régimen es mejor que el ruso. Lo que pasa es que vivimos de rentas, y que llevamos camino de converger a no tardar mucho.

Podemos tener claro que la democracia liberal es el mejor sistema posible (el menos malo). El dictador te puede tocar inteligente y prudente, y en ese caso puede dar mejor resultado que la democracia, pero más frecuentemente tienden a tocar tiranuelos, y entonces nos caemos con todo el equipo. El precio a pagar es la lucha partidista, y espectáculos como el del PP, que intenta cambiar y empeora. Es como lo de este invento del estado nación: su precio son las guerras y conflictos sin fin. Con un gobierno global lo evitamos. Pero como nos salga malo… Nada es perfecto. Por eso el sistema es sólo parte del asunto, siendo lo esencial la conversión personal. Afortunadamente, ha empezado la cuaresma. Falta hace.

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