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El subsidio de los diputados

Por Nieves de Meer (*)
martes 14 de junio de 2011, 13:11h
El otro día leí con estupor en el periódico que, tras disolverse la cámara, a los pobrecitos diputados autonómicos que se queden sin trabajo después de las elecciones, que son 40, les vamos a dar entre todos una especie de limosna caritativa de unos 6.000 €, ya que no tienen derecho al paro porque no cotizan a Hacienda. No sé si estos señores se han enterado de que un trabajador, por mucho que le hayan retenido, cuando se queda sin trabajo, cobra un subsidio bastante miserable, y no el 100% de sus emolumentos. Tampoco sé si se han enterado de que no hace mucho que se les han retirado los 400 € a los parados de larga duración, igual que los 2.000 € por tener un hijo. Tampoco deben saber que, para recuperarnos de una crisis de la que no tenemos ninguna culpa, se nos ha recortado el salario a todos los empleados públicos y a todos los pensionistas, y, probablemente se nos va a recortar más. Y tampoco, que el gobierno es un campeón del impago a proveedores porque no hay dinero. Pero es que, además, por lo visto lo hacen siempre sin que nadie se entere, y esta vez el fallo ha sido que se ha enterado todo el mundo. Es una prueba más de la endogamia con la que funcionan. Encima, se escudan en que nos salen baratos comparado con lo que se acordó cuando terminó la legislatura anterior, tras la cual ese regalo de los sufridos contribuyentes lo cobraron todos, tuvieran o no un puesto de trabajo esperándoles. Debe ser lo único en lo que se pusieron de acuerdo. Pero lo peor es que se invierte la filosofía de lo que debe ser un subsidio de desempleo. No es que se les pague porque no tienen trabajo, no, es que se les paga con la condición de no pegar ni sello durante dos meses, y lo dicen así de claro sin que se les caiga la cara de vergüenza. A mí no deja de sorprenderme con qué tranquilidad son capaces algunos de desmontar su vida y dejar su trabajo -porque supongo que algo debían hacer antes de meterse a políticos- sin tener las espaldas cubiertas, con tal de ostentar un poder cuya continuidad, al fin y al cabo, depende de los vaivenes de la política. Eso explica muchas cosas. Si son incapaces de tener en cuenta el largo plazo de las cosas en su vida personal, ¿cómo lo van a tener en cuenta a la hora de legislar, de asignar presupuestos o de gestionar cuestiones públicas cuando los problemas que generan les afectan a los demás? Y tampoco se plantean ni de lejos que las posiciones privilegiadas no duran toda la vida, y que, en cualquier momento, van a acabar cayéndose de la higuera de los privilegios para convertirse en sufridores de sus propios errores, y encontrándose con que les ha salido el tiro por la culata. Convertir lo legal en justo es fácil: Que Hacienda les retenga como a todo el mundo, y entonces se habrán ganado el subsidio de desempleo. No es raro que no quieran cambiar el sistema.  (*) Médico de Urgencias
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