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Los “putos pacientes”

Por Nieves de Meer (*)
jueves 07 de abril de 2011, 18:21h
En vista de las críticas recibidas, antes de empezar quiero avisar de que para leer este artículo es imprescindible saber leer, y tener un mínimo de dos neuronas operativas para entender lo que pone y no lo contrario. Tras la increíble salvajada que fue la manifestación del otro día en el Hospital de Inca, me gustaría hacer un ejercicio de simulación. Construyamos un entorno imaginario, en el que un paciente imaginario es acusado de matar a un médico imaginario en un hospital imaginario. Y, a partir de ahí, pasando de que el 90% de los pacientes de ese hospital no genera ni medio problema, y a pesar de que el asunto en cuestión está cocinándose en el horno de los tribunales, el personal sanitario, harto ya de tener que lidiar con los que gritan e insultan, no dicen lo que les pasa, ni lo que se han tomado, ni lo que han hecho; exigen lo que no se les puede dar y no facilitan la solución de su problema, tras varios días de acusaciones e insultos en la prensa contra los usuarios, decide manifestarse en la puerta de ese hospital contra los “putos pacientes”. Claro, es normal que estén crecidos, porque nadie les ha llamado la atención por el juicio paralelo que están emitiendo desde todos los frentes y desde todos los medios. Se considera normal, total, a quien están insultando y hundiendo, es a un vulgar “puto paciente”, no a un cargo ni a un poder político. Y a la prensa le viene la mar de bien vender periódicos. Y se arman de todo tipo de pancartas, a cual más fuera de tono, y de todo tipo de consignas, cual más demoledora y denigrante contra los “putos pacientes”. Y lo avisan, y además consiguen hacerlo porque nadie se lo impide, y se meten hasta la cocina del hospital y hasta las habitaciones de los ingresados aprovechando para insultarles, intimidarles, amenazarles y descalificarles, vociferando “putos pacientes”, “queremos justicia”, “a la puta cárcel”, “asesinos”, y toda clase de lindezas de este tipo. Mientras tanto, están molestando e impidiendo trabajar a sus compañeros que no se han sumado a la manifestación, pero les da igual, su objetivo es derribar a todo “puto paciente” que se encuentran por el camino, da igual en qué situación esté, si le duele mucho o poco, si lleva una sonda o está atornillado a la cama sin poderse mover. Es un “puto paciente”. Y ninguna asociación de consumidores ni de pacientes abre el pico, nadie levanta la voz para decir que esto le parece una barbaridad, que se está prejuzgando a un paciente sin demostrar si es culpable o inocente, y que se le está condenando sin darle ningún derecho a defenderse. Total, es un “puto paciente” y de esos hay muchos. Tampoco importa que estén pagando justos por pecadores, porque lo importante es buscar cuantas más cabezas de turco, mejor. Incluso, a lo mejor, cae alguna indemnización y todo. La Policía no les dispersa por alterar el orden, nadie les pone una denuncia, al día siguiente siguen con su actividad normal como si no hubiera pasado nada, y, si algún día topan en la consulta con aquel “puto paciente” por el que habían organizado la movida, no pasa nada, el “puto paciente” no tiene ni derecho al pataleo, ni siquiera puede decir que no quiere que le atienda ese médico. Se tendrá que mostrar de lo más colaborador y asentir a todo lo que le pida ese juez aficionado, por si acaso, no vaya a pasar lo mismo otra vez y vuelva a acabar en el banquillo de los acusados. Y como la manifestación ha sido un éxito, deciden repetirla con total impunidad. ¿Hay alguien en su sano juicio al que esto le parezca bien? Con este tipo de situaciones, ¿Cómo queremos que la juventud se implique en nada que requiera responsabilidad? ¿A qué el ejemplo resulta de lo más ilustrativo? ¿A qué es muchísimo mejor no saber hacer nada para no tener que responder de nada? ¿A qué es como para colgar la bata y dedicarse a criar caracoles? (*) Médico de Urgencias
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