Pollença. La zona turística de la Cala de Sant Vicenç nació a partir de unas cuantas construcciones de pescadores. Es un lugar conocido por los restaurantes de cocina de pescado y cuenta también con una gran tradición artística. La visión de las crestas del Cavall Bernat, que desde aquí parecen el lomo de un animal fantástico, ha cautivado a numerosos pintores. Llegando a la zona residencial, y poco después del kilómetro 3, un camino que sale hacia la derecha permite visitar un conjunto de cuevas sepulcrales talladas en la roca. Pertenecen a la época denominada pretalayótica, a principios de la edad del bronce. Una cultura poco conocida en comparación con los espectaculares poblados y talayotes del período siguiente. Estas cavidades artificiales, situadas en la ladera de la montaña, servían como lugar de enterramiento. Tienen una entrada muy pequeña, con antecámara y cámara sepulcral, a veces con nichos laterales y bancos corridos. Saqueadas durante siglos, fueron también aprovechadas como escondite por los contrabandistas.





