OPINIÓN

Agencias inmobiliarias que visten minifalda

Por fortuna, en Baleares no se han detenido a demasiadas personas investigadas por delitos relacionados con el terrorismo. Sin embargo, la nómina de detenidos que han desfilado esposados ante las cámaras de televisión cuando eran conducidos a dependencias policiales, o a los juzgados de Vía Alemania, es interminable. Toda España vio salir de un furgón con los grilletes puestos a personas que, tras años de instrucción, no llegaron a sentarse en un banquillo como acusados. No advertí yo, ni entonces ni ahora, demasiada compasión por aquel «trato denigrante» hacia gente que no había matado a nadie. Sólo me refiero a los grilletes. No hablo de dormir sobre una colchoneta, ni de hacer sus necesidades por la noche en el interior de un calabozo minúsculo.

Lo digo porque, si el uso de las esposas debería quedar restringido a etarras y yihadistas,  es decir, a individuos potencialmente peligrosos para los agentes de la autoridad, conviene decirlo con claridad y, en consecuencia, instar a que se modifiquen los protocolos para el traslado de detenidos. Lo digo porque, si «dos pobres nines» acusadas de vandalismo no merecen ese trato, tampoco lo merecería un corrupto, o un estafador. Ay, qué risas cuando aquel agente le puso la mano en el cogote a Rodrigo Rato para meterlo esposado en un coche policial. Como si Rato fuera a salir corriendo, o a soltarle un sopapo al de la pasma.

Pero aquello escena de Rato les pareció bien a muchos porque fue ejemplarizante. La Ley es igual para todos, aunque hayas sido vicepresidente del Gobierno. Si el uso de las esposas es humillante y sólo se justifica por el riesgo de fuga, o cuando peligra la integridad física de los agentes que custodian a los detenidos, digo yo que debería ser  igual para todo el mundo, independientemente de su edad, sexo, saldo de la cuenta bancaria o ideas que motivan la comisión de un delito.

Ya escribí hace una semana en esta misma página que tontear con el uso de la violencia —y las coacciones y el vandalismo callejero son violencia, de baja intensidad, pero violencia al fin y al cabo— es el inicio de un camino lleno de peligros. Justificar, o quitar hierro, a esas acciones en virtud de la ideología que está detrás, convierte el terreno de la convivencia pacífica entre ciudadanos que no piensan igual en un campo de minas.

Hay que ir con cuidado con la hipocresía, la ignorancia y la doble moral que subyace en los ataques a agencias inmobiliarias que, a fin de cuentas, son meros intermediarias entre personas que quieren vender un piso, o una casa, y otras que lo quieren comprar. Además, tiene su gracia que se vandalicen un tipo de agencias de alto standing a las que el noventa y cinco por ciento de la población no entraremos nunca —tampoco habíamos entrado hasta ahora— porque no nos lo podemos permitir. Es como si Zara triplicara en cinco años los precios de sus prendas, y fuéramos a reventar los escaparates de Chanel.

Hace un par de años me extirparon un pequeño carcinoma de la cara. Ha sido mucho tiempo practicando deportes al aire libre en Mallorca, una isla maravillosa del Mediterráneo castigada durante muchos meses por un sol inclemente. Desde entonces, trato de ponerme cada día el mejor protector solar que encuentro en la farmacia. Y es caro de narices, oigan, y para esto no hay receta de la Seguridad Social que valga. Y luego están los complementos alimenticios cuyos beneficios vienen avalados por estudios científicos serios. Qué precios, de verdad.

Yo entiendo que, con algunas particularidades, una farmacia no deja de ser un comercio que aplica el margen de beneficio que le permite la ley a los productos que vende, incluidos los de primera necesidad. Para mí, a mi edad y con mis antecedentes, un buen protector solar se ha convertido en un producto de primera necesidad. Lo que no se me ocurre es pintar la puerta y la fachada de una farmacia para protestar por sus precios.

Es legítimo que los abogados de las personas detenidas por vandalizar inmobiliarias traten de anular las pruebas obtenidas contra ellas. Es, ni más ni menos, lo que está intentando conseguir el abogado de Zapatero. Lo que es un despropósito es que la izquierda política y mediática salga en tromba a defender esa estrategia, convirtiendo en culpables a las víctimas de la comisión de un delito. Ahora que habíamos conseguido que vestir una minifalda no justificara una violación, vienen las inmobilarias provocando con sus precios. Y claro, pasa lo que pasa.

José Manuel Barquero

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