ámica del Observatorio Astronómico de Mallorca en Costitx.
A las afueras de Costitx, unas características cúpulas blancas llevan más de tres décadas recordando que la investigación astronómica no es patrimonio exclusivo de los grandes complejos científicos instalados en montañas remotas. Desde una pequeña localidad mallorquina se han descubierto asteroides, supernovas y cometas, se han desarrollado programas de seguimiento de objetos próximos a la Tierra y miles de escolares han tenido su primer contacto directo con la astronomía.
Es la historia del Observatorio Astronómico de Mallorca (OAM), un proyecto que nació a finales de los años ochenta de la iniciativa de un grupo de aficionados y especialistas empeñados en crear en la isla una institución dedicada simultáneamente a investigar el firmamento y acercarlo al público.
El centro fue finalmente inaugurado en mayo de 1991. Su creación contó con financiación del Govern balear, Sa Nostra y el Ayuntamiento de Costitx y nació expresamente con una doble finalidad: fomentar la investigación astronómica y desarrollar la divulgación y enseñanza de la astronomía.
La elección de Costitx tampoco fue casual. Salvador Sánchez, durante muchos años director del observatorio y una de las figuras fundamentales de su historia, explicaba ya en 2004 que se había escogido el municipio por su estabilidad atmosférica, particularmente favorable para la observación. Desde sus primeros tiempos, el trabajo quedó dividido entre dos grandes áreas: investigación y divulgación.
Para varias generaciones de mallorquines, el OAM estuvo asociado sobre todo a las visitas escolares y al planetario. Pero detrás de esa vertiente pública se desarrollaba un trabajo científico considerablemente más ambicioso.
El centro se especializó especialmente en el estudio de los cuerpos menores del Sistema Solar, fundamentalmente asteroides y cometas. La utilización de telescopios robotizados permitió realizar observaciones sistemáticas durante horas y comparar posteriormente las imágenes para detectar pequeños puntos luminosos que habían cambiado de posición respecto al fondo aparentemente inmóvil de las estrellas. Era, simplificando mucho, una forma de buscar agujas en un pajar cósmico.
El observatorio de Costitx recibió el código 620 del Minor Planet Center (MPC), la institución internacional que centraliza las observaciones y órbitas de asteroides, cometas y otros cuerpos menores.
Las cifras acumuladas durante sus años de mayor actividad dan una idea de la dimensión que alcanzó aquella labor. El Minor Planet Center acredita al OAM el descubrimiento de miles de asteroides entre finales de los años noventa y 2014, además de descubrimientos de supernovas extragalácticas, cometas y estrellas variables. La información turística oficial del Govern lo presenta todavía como el observatorio que ha realizado el mayor número de descubrimientos directos de la historia de la astronomía española.
El centro mallorquín consiguió así algo poco habitual: combinar una intensa actividad divulgativa dirigida a escolares y visitantes con programas científicos capaces de proporcionar resultados reconocidos internacionalmente.
La búsqueda de asteroides dejó además una curiosa colección de nombres mallorquines repartidos por el Sistema Solar.
Uno de los primeros ejemplos fue (20140) Costitx, bautizado en homenaje al municipio que había acogido las instalaciones. Otros cuerpos menores descubiertos por los programas vinculados al observatorio terminaron recibiendo nombres relacionados con personajes españoles y mallorquines.
Probablemente uno de los más conocidos sea (128036) Rafaelnadal, descubierto en 2003 y bautizado posteriormente en honor al tenista de Manacor.
Pero hubo otro homenaje especialmente significativo para la historia del OAM: el dedicado al primer astronauta español.
La relación del Observatorio Astronómico de Mallorca con Pedro Duque constituye uno de los capítulos más singulares de su historia.
Duque se había convertido en 1998 en el primer astronauta español en viajar al espacio tras participar en la misión STS-95 del transbordador Discovery. Poco después visitó Mallorca, invitado por el Consell de Mallorca presidido por Maria Antònia Munar, a la sazón también alcaldesa del pequeño municipio que albergaba el OAM.
El 10 de octubre de 1999, Jaime Nomen, integrante del equipo del OAM, descubrió un nuevo asteroide. El objeto recibió inicialmente la denominación provisional 1999 TL11. Como ocurre con estos descubrimientos, fue necesario acumular observaciones suficientes para determinar con precisión su órbita antes de que pudiera recibir una numeración definitiva. Terminó convertido en el asteroide 24048.
Y el Observatorio Astronómico de Mallorca propuso para él un nombre inequívoco: Pedroduque. El homenaje acabaría llevando personalmente al astronauta hasta Costitx.
El 19 de mayo de 2005, Pedro Duque visitó el Observatorio Astronómico de Mallorca para participar en el acto organizado con motivo del bautizo del asteroide. La entonces presidenta del Consell de Mallorca, Maria Antònia Munar, le entregó una escultura conmemorativa del cuerpo celeste que llevaba su nombre. Entre el público había también familiares del astronauta residentes en Mallorca.
Duque aprovechó aquella jornada para conversar con los asistentes sobre sus experiencias en el espacio. Al hablar de lo que había supuesto contemplar nuestro planeta desde fuera, destacó especialmente la visión de la Tierra y la satisfacción de saber que el trabajo desarrollado por los astronautas podía resultar útil a otras personas.
El asteroide Pedroduque quedó desde entonces como uno de los símbolos de aquella etapa dorada del centro de Costitx: un pequeño objeto descubierto desde Mallorca que recorría el Sistema Solar llevando el nombre del primer español que había viajado al espacio.
El trabajo desarrollado por el OAM fue evolucionando paralelamente a los cambios tecnológicos de la astronomía.
Los telescopios automatizados permitieron multiplicar la capacidad de observación. La astronomía dejaba progresivamente de depender de un investigador mirando directamente a través de un ocular. Cámaras digitales, ordenadores y programas capaces de comparar miles de imágenes permitían vigilar sistemáticamente grandes extensiones del firmamento. Costitx se especializó precisamente en esa tarea.
La búsqueda y seguimiento de asteroides adquirió además una importancia creciente por una razón evidente: algunos de esos objetos pueden aproximarse considerablemente a nuestro planeta.
El OAM colaboró durante sus mejores años con instituciones científicas internacionales. Ya en 2004 se documentaban proyectos de investigación desarrollados junto a entidades como la Universidad de Göttingen.
Y la actividad científica terminaría extendiéndose más allá de Mallorca mediante instalaciones robotizadas asociadas a sus programas de observación.
El descubrimiento que proporcionaría mayor notoriedad internacional a los programas relacionados con el observatorio llegó en febrero de 2012. El objeto recibió la denominación provisional 2012 DA14 y posteriormente sería conocido como 367943 Duende.
En principio era uno más entre los numerosos cuerpos menores que recorren el Sistema Solar. Pero los cálculos de su órbita revelaron algo extraordinario: al año siguiente iba a realizar una aproximación excepcionalmente cercana a nuestro planeta.
El 15 de febrero de 2013, Duende pasó a unos 27.700 kilómetros de la superficie terrestre.
La distancia resulta todavía más espectacular si se tiene en cuenta que los satélites geoestacionarios orbitan aproximadamente a 35.786 kilómetros sobre la superficie. Es decir, aquel pequeño asteroide pasó por dentro de esa distancia orbital.
El acontecimiento despertó un enorme interés internacional y convirtió el objeto en protagonista de observaciones científicas en numerosos países.
Para un proyecto nacido dos décadas antes en un pequeño municipio del interior de Mallorca era una formidable carta de presentación.
Sin embargo, el éxito del OAM no puede medirse exclusivamente por sus descubrimientos.
Durante años, el observatorio desarrolló una intensa actividad de divulgación astronómica. Miles de escolares pasaron por Costitx para conocer los planetas, las estrellas y el funcionamiento de los telescopios.
El Mallorca Planetarium se convirtió en una de sus principales herramientas educativas. Las visitas permitían combinar las explicaciones teóricas con la observación y acercaban una disciplina aparentemente remota a alumnos que, en muchos casos, contemplaban allí por primera vez la Luna o los planetas mediante un telescopio.
Ese carácter híbrido —centro de investigación y espacio divulgativo— fue una de las particularidades del proyecto desde su nacimiento. De hecho, ambas funciones figuraban expresamente entre los objetivos para los que fue creado en 1991.
Las instalaciones fueron creciendo hasta configurar un complejo de dimensiones considerables. La finca de Costitx ocupa aproximadamente 11.000 metros cuadrados y llegó a disponer de diferentes cúpulas, telescopios, planetario y dependencias destinadas a la investigación y atención a visitantes.
Pero después de los años de expansión llegaron los problemas.
La trayectoria científica del Observatorio Astronómico de Mallorca contrasta con la grave crisis económica que acabaría comprometiendo su supervivencia.
La asociación que gestionaba las instalaciones acumuló importantes deudas y en enero de 2016 entró en concurso de acreedores. Se abrió entonces un procedimiento que acabaría prolongándose durante años. La entidad fue declarada insolvente y comenzó el complejo proceso para liquidar sus bienes.
La deuda acumulada se situaba alrededor de 1,7 millones de euros. Entre los acreedores figuraban Hacienda estatal y autonómica, la Seguridad Social, una entidad bancaria y diferentes proveedores. Comenzó entonces una etapa radicalmente diferente. El lugar desde el que se habían descubierto miles de asteroides empezó a deteriorarse mientras se buscaba una solución jurídica y económica que permitiera salvar las instalaciones.
Hubo diferentes intentos de recuperación. En 2020, un empresario mallorquín alquiló el complejo con la intención de revitalizarlo mediante un proyecto relacionado con el turismo científico. La experiencia apenas duró unos meses y las instalaciones volvieron a cerrar.
En febrero de 2023 se llegó a una situación que pocos habrían imaginado durante los años de mayor actividad científica del centro.
El Observatorio Astronómico de Mallorca salió a subasta. El precio inicial se estableció en 430.001 euros, una cantidad muy inferior a los aproximadamente 1,7 millones en que se habían valorado los activos durante el procedimiento concursal.
Se ponía en venta el legado material de tres décadas de astronomía en Mallorca: finca, edificios, cúpulas, planetario y equipamiento.
Las instalaciones se encontraban en desuso y mostraban los efectos del paso del tiempo, aunque una inspección realizada durante el proceso de venta consideró que su estado general todavía podía calificarse como aceptable.
La primera subasta no consiguió resolver el problema. El proyecto que había logrado colocar el nombre de Costitx en los registros internacionales de astronomía seguía buscando quién estuviera dispuesto a garantizarle un futuro.
El giro llegó en 2024, cuando el empresario ibicenco Eduardo Mayol, propietario del centro botánico biotecnológico Bibo Park, adquirió las instalaciones con el visto bueno del administrador concursal.
Los nuevos propietarios y la FIAAM trasladaron al Ayuntamiento de Costitx su intención de recuperar las instalaciones. El proyecto planteado mantenía precisamente las dos almas históricas del observatorio: actividad científica y divulgación, incorporando además el astroturismo y una necesaria reforma y actualización del complejo. Era, en cierto modo, un regreso al punto de partida.
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