En una nota difundida tras la aprobación de la norma por el Gobierno de España, la entidad señala que el nuevo marco estatal no va más allá de la regulación ya existente en el archipiélago, donde la protección de la posidonia está regulada desde 2018 mediante normativa autonómica específica.
Según FANMED, el decreto estatal establece principalmente “un marco jurídico común” para la conservación de estas praderas marinas en el Mediterráneo, donde se concentra la mayor parte de este ecosistema. En Baleares, sin embargo, varios de los aspectos que recoge la norma ya están desarrollados en el Decreto 25/2018 aprobado por el Govern.
Entre las medidas que ya se aplican en las islas figuran la instalación de puntos de fondeo de bajo impacto para evitar daños en el fondo marino, la cartografía detallada de las praderas de posidonia o la regulación de la retirada de restos de esta planta en las playas. Además, la normativa balear se complementa con servicios de vigilancia marítima y un régimen sancionador para las infracciones.
La organización recuerda también que otras comunidades del litoral mediterráneo han ido adoptando progresivamente medidas de protección de la posidonia, un ecosistema clave para la biodiversidad marina y la calidad del agua.
Pese a valorar positivamente cualquier iniciativa dirigida a preservar el medio marino, FANMED advierte de que algunos de los problemas más graves que afectan a la posidonia son más complejos y no dependen únicamente de la regulación de actividades humanas directas.
Entre ellos destaca el impacto del cambio climático, que está provocando un aumento de la temperatura del agua. Según la entidad, cuando la temperatura del mar supera los 28 grados, la mortalidad de esta planta marina aumenta de forma significativa.
“No podemos enfriar el mar, pero sí debemos intentar entre todos reducir el estrés térmico que sufre este ecosistema”, señala la organización en su análisis preliminar.
Además, el sector náutico considera que tanto la normativa estatal como la balear ponen el foco en las nuevas instalaciones o actividades que puedan alterar las praderas, pero prestan menos atención a problemas ya existentes, como los vertidos al mar de aguas insuficientemente depuradas.
En este sentido, recuerdan que distintos estudios científicos han detectado regresiones anuales de praderas de posidonia en Baleares relacionadas con emisarios submarinos. Como ejemplo, citan el caso de la bahía de Palma, donde se calcula que más de dos millones de metros cuadrados de pradera se han visto afectados por este tipo de vertidos.
Desde FANMED defienden que la actividad náutica puede convivir con la preservación del entorno marino siempre que se adopten medidas adecuadas y se impliquen todos los sectores.
La federación subraya que el sector náutico es uno de los primeros interesados en mantener el mar en buen estado, ya que su actividad depende directamente de la calidad ambiental del litoral.
En este contexto, la organización enmarca la conservación de la posidonia dentro de los objetivos de sostenibilidad marcados por la comunidad internacional, que combinan las dimensiones ambiental, económica y social.
Según la entidad, la protección del Mediterráneo debe abordarse desde una perspectiva global, ya que su estado depende de múltiples factores y de la acción conjunta de administraciones, sectores económicos y ciudadanía.
“El agua lo conecta todo”, concluye FANMED, que insiste en la necesidad de seguir avanzando hacia un equilibrio entre el uso del mar y la preservación de uno de los ecosistemas más valiosos del Mediterráneo.
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