Hay finales de major que se deciden con cuatro nombres jugándose el título en el green del 18.
Y hay otros, como el de este domingo en Southport, que parecen escritos por un guionista con debilidad por los giros de guión: un líder que se desmorona, un aspirante que surge de la nada por la mañana y pasa horas mordiéndose las uñas en la sala de prensa, y un neozelandés de 39 años que llega desde atrás para llevarse la Jarra de Clarete al primer intento en su carrera de majors.
Todo empezó a fraguarse 24 horas antes.
En un Royal Birkdale casi sin viento —una rareza en un links que multiplicó los birdies durante toda la semana—, Ryan Fox se unió a un club muy selecto: se convirtió en el octavo hombre en la historia en firmar un 62 en un major, repitiendo la hazaña que Lucas Herbert y Sam Burns ya habían logrado el viernes, con apenas veinte minutos de diferencia entre ambos.
El neozelandés construyó su vuelta con un arranque demoledor —29 golpes en la ida y otro birdie en el 10— que sobrevivió incluso a un tropiezo: un bogey en el 13 no le impidió responder con tres birdies más y firmar un par de nervios en el 18, tras salvar un golpe de aproximación desde un bunker de calle. De la nada, Fox pasó de par a ocho bajo par y se coló en la pelea.
Pero la foto del sábado por la noche tenía otro protagonista: Sam Burns, que se situó en -10, con dos golpes de renta sobre Si Woo Kim y el propio Fox.
Todo apuntaba a una coronación estadounidense.
Acto uno — el líder se desmorona. Burns arrancó la ronda final como favorito indiscutible, pero se vino abajo rápidamente y acabó firmando un 72 (+2) que lo dejó solo en el tercer puesto, con -8. El guion, de repente, se quedó sin protagonista.
Acto dos — el fantasma de la mañana. Ahí entró Cameron Young, que salió temprano y firmó un fulgurante 64 (-6) para tomar el mando, y luego tuvo que hacer lo más difícil del golf: esperar. Pasó más de dos horas en la casa club viendo cómo el resto del campo intentaba cazarlo.
Acto tres — el golpe final. El coreano Kim pudo ser el tapado pero su liderato fue efímero y acabó hundiéndose. Y fue Fox quien lo cazó. Cuatro birdies en sus últimos seis hoyos desembocaron en una tarjeta de 68 (-2) rematada con un birdie en el 18 que le dio el título —solo el quinto que se logró en ese hoyo en toda la jornada final. Un putt de tres metros y medio, sin margen de error, tras una vida entera de espera. Si algo hubiera fallado, el desempate del Open se resuelve con un agregado a tres hoyos (14, 15 y 18) y, si persiste, muerte súbita en el 18 —pero Fox no dejó que la historia se alargara ni un hoyo más.
A sus 39 años y número 56 del mundo, se convierte en el tercer neozelandés campeón de un grande, tras Bob Charles y Michael Campbell.
Un primer major que llegó, además, por la puerta menos previsible: la de un jugador que empezó el domingo lejos de los focos.
Si Fox fue la sorpresa, la ausencia de los grandes favoritos en la pelea final fue el otro gran tema del domingo.
Scottie Scheffler tuvo su momento de tensión: un 31 en los primeros nueve lo puso en la pelea, pero las oportunidades de birdie metibles que marró (su talón de Aquiles en 2026) y la falta de acierto en los pares 5 fueron definitivos. Su bogey en el 18 ya no contaba. El número 1 del mundo y defensor del título, el único de los favoritos que tuvo alguna chance. Acabó cuarto empatado con Fleetwood.
Peor suerte corrió Jon Rahm, que llegó al domingo con la cuesta ya muy empinada —a seis golpes del liderato tras su 70 el sábado— y vio esfumarse cualquier opción en el primer swing del día: por segundo día consecutivo, mandó su salida en el hoyo 1 fuera de límites, un golpe que resumió una semana que empezó ilusionante y terminó en nada.
McIlroy pasó sin pena ni gloria y DeChambeau, que fue protagonista por su penalización del día anterior, se fundió como un azucarillo.
De la armada española, el nombre propio fue Josele Ballester. Su torneo tuvo emoción de sobra: pasó el corte in extremis el viernes con un eagle y un birdie en los dos últimos hoyos, lo que le permitió jugar el fin de semana liberado de presión.
Eugenio Chacarra, en su debut en el torneo, se topó con la cara menos amable del links: un doble bogey en el 13 y dos putts cortos fallados le dejaron en +1, aunque se marchó con la sensación de haber dado otro paso adelante en su brillante temporada y en su carrera golfística.
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