El ente público de la televisión y la radio de Baleares (IB3) es de lo más raro que existe, y además se supera cada día. Miren: por un lado tiene un índice de bajas laborales del 20 por ciento; es decir que uno de cada cinco trabajadores no acude a cumplir con sus funciones porque está enfermo, lo cual no ocurre ni entre los mineros de China y, naturalmente, apunta a que habría que crear una enfermería en los locales de Son Bugadellas, para paliar esta pandemia. Por otro lado, como contraste, entre los miembros del consejo de administración de IB3, los que cobran 900 euros de dieta por cada vez que asisten a las reuniones de una horita, apenas hay ausencias, lo cual tampoco ocurre ni entre los cardenales del Vaticano. A estas rarezas, ahora le tenemos que sumar que, ausente el director general, no hay nadie que lo pueda reemplazar provisionalmente que no sea un conseller del Govern, de quien pensaríamos que debería ser de las personas más ocupadas de Baleares. Pero no, parece que es mejor que un conseller haga un hueco en su maltrecha agenda que no encargarle esta función a otro alto cargo del ente, a un alto funcionario de la autonomía o, si prefieren que tenga garantías de estar presente, a un consejero de administración, de esos que no se enferman nunca. Sin comentarios.
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