La celebración de Sant Antoni reúne a una multitud en Manacor.
Ya se huele en el aire. No es solo el frío de enero, es el olor a pólvora y a leña quemada que empieza a impregnar los pueblos del Raiguer y Llevant. Sant Antoni no es una fiesta, es un sentimiento que divide a Mallorca en dos: los que lo viven y los que lo miran. Tras el paréntesis navideño, la isla recupera su lado más atávico y salvaje. Si este 2026 quieres sentir el calor del fuego y bailar bajo las chispas con seguridad, prepárate. Hemos diseñado la ruta esencial para que disfrutes de la Revetla como un auténtico pobler o manacorí, desvelando dónde encontrar la mejor gastronomía y cómo sobrevivir a la noche más larga del año.
Aunque la fiesta se celebra en casi toda la isla, hay tres epicentros que marcan el ritmo. Elegir dónde ir la noche del 16 es la decisión más difícil.
Sa Pobla: Es la "zona cero". Aquí la fiesta es solemne y masiva. La salida de los dimonis y el Piromusical en la plaza son hitos innegociables. Si vas, llega temprano (antes de las 19:00h) para aparcar en las afueras. La experiencia de ver comer a los señores de la fiesta (arròs brut) es única.
Manacor: La devoción aquí es visceral. El primer ball de los dimonis ante la Sala es un momento de catarsis colectiva. Es una fiesta más callejera, donde el colque (la gente siguiendo a los demonios) es intenso y físico.
Artà: La opción más diurna y tradicional para el día 17, pero su revetla del 16 es íntima y muy participativa. Los dos demonios representan el caos y el orden con una estética inconfundible.
Sant Antoni no se entiende sin el estómago lleno. El plato rey es la Espinagada, una especie de empanada rectangular típica de Sa Pobla. La versión clásica es de anguila (con un toque picante de guindilla), pero la de lomo con col gana adeptos cada año.
Este sábado es el día para encargarla. Los hornos tradicionales de Sa Pobla (como Can Capó o Can Calet) tienen listas de espera. No cometas el error de turista de comprarla en un supermercado industrial; la masa debe ser fina y el relleno jugoso. Y para torrar en el fogueró, olvida el chorizo: aquí manda la Llangonissa (sobrasada rizada) y el Botifarró. El ritual de asar tu propia carne en las brasas comunitarias de la calle es el verdadero acto de comunión de la fiesta.
Parece obvio, pero cada año hay disgustos. En Sant Antoni se viste ropa vieja y de algodón. Las chispas de los correfocs y las hogueras derriten las fibras sintéticas (como los plumíferos o forros polares) en segundos, pegándose a la piel.
Lo ideal: una sudadera vieja de algodón grueso con capucha, vaqueros y calzado cómodo y cerrado. Un pañuelo al cuello ("mocador de ferros") es imprescindible para protegerse del humo. Si te metes debajo del fuego, usa gafas de protección. La fiesta es salvaje pero el respeto al fuego es máximo. Si un dimoni te persigue, no corras en pánico; es parte del juego.
Más allá del reguetón que pueda sonar en algún bar, la banda sonora de Sant Antoni es la Ximbomba y las Glosas. Estas canciones populares, a menudo picantes y satíricas, se cantan alrededor del fuego.
No seas un espectador pasivo. Aprenderse el estribillo de "Lo Elogi" o alguna glosa básica te integrará en la fiesta. En 2026, se observa un resurgir de grupos jóvenes de glosadores que improvisan rimas sobre la actualidad política y social de las islas. Presta atención, porque en esas letras se esconde la verdadera crónica social de Mallorca.
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