Categorías: OPINIÓN

Yo quería ser un chico Martini

Aquí donde me ven, a mí lo que de verdad me hubiera gustado en esta vida habría sido ser un chico Martini, como el de aquellos míticos anuncios que se rodaron a principios de los noventa anunciando este vermut. De esa serie de spots, quizás del que más me sigo acordando hoy es del primero, coprotagonizado por Charlize Theron en 1993.

En aquella época, yo tenía treinta años, hacía deporte, tenía pelo y estaba delgado, por lo que posiblemente me hubiera podido presentar al casting previo que se hizo para ese anuncio, aunque intuyo, no sé muy bien por qué, que no me hubieran elegido. Ya saben ustedes los tejemanejes que ha habido siempre en esto de la publicidad y el cine.

Aun así, también es verdad que para ser un auténtico chico Martini quizás no sea del todo necesario haber rodado una serie de anuncios para la televisión, sino simplemente ser una persona elegante que sigue unas determinadas pautas de comportamiento, muy parecidas a las que seguía el silencioso e intrépido protagonista de aquel primer spot.

Así, a veces me he imaginado a mí mismo llegando al Dique del Oeste con una lancha motora, sentándome luego en una terraza, flirteando seguidamente con una misteriosa mujer fatal e invitándola a un vermut poco después de haberme pasado el dedo pulgar por los labios, como hacía el mítico Jean-Paul Belmondo en Al final de la escapada.

Salvo por el detalle de la lancha, es algo que podría haber pasado perfectamente en cualquier momento, pues con un traje y unas gafas de sol yo gano mucho físicamente, incluso ahora. Créanme. Por otra parte, como siempre he sido una persona abierta, no hubiera desdeñado, llegado el caso, ser también un chico Campari o un chico Cinzano.

Trabajando ya como periodista, hará unos quince años, volví a soñar con llegar a ser algún día un chico Martini en el ámbito de la publicidad. Pero para los nuevos anuncios que dicha marca rodó entonces no me eligieron tampoco a mí, sino al gran George Clooney. Me dolió un poco volver a quedar fuera, lo reconozco, pero en el fondo lo entendí.

De todas formas, creo que el bueno de George optó poco después por dejar el vermut y pasarse directamente al café, en concreto, al Nespresso. En mi caso, el vermut me sigue gustando mucho, pero viendo cómo me han ido las cosas en estos últimos treinta años, no sé si al final yo también tendré que acabar siguiendo igualmente su ejemplo.

Josep Maria Aguiló

Nacido en Palma en 1963. Licenciado en Filosofía por la UIB. Periodista y escritor. Mi último libro publicado es 'El retorno de los duendes'. Además de redactor en mallorca diario.com, colaboro también en Última Hora y El Debate.

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