Un fugitivo internacional entró en una joyería de Santa María como cualquier cliente. Salió con una pulsera de 5.000 euros en el bolsillo. Lo que no sabía es que las cámaras lo habían grabado todo, que la Guardia Civil ya estaba sobre su pista y que, cuando intentaba abandonar Mallorca por el aeropuerto de Palma, los agentes le estaban esperando.
El hombre, originario del este de Europa, cargaba con un historial judicial de dimensiones internacionales: una Orden Europea de Detención y Entrega (OEDE) para comparecer ante la Audiencia Nacional y tres requisitorias judiciales emitidas por Austria, Rumanía y un juzgado de Palma. Ahora está en prisión provisional.
Los hechos se remontan al pasado sábado. Una pareja accedió a una conocida joyería de Santa María con el guion perfectamente ensayado. La mujer se encargó de distraer a la dependienta, mostrando interés por varias piezas expuestas. Mientras la atención se desviaba, el varón actuó con rapidez y frialdad: tomó una pulsera exclusiva de la vitrina y la ocultó en su bolsillo. El robo duró apenas unos segundos.
Lo que no calcularon es que las cámaras de seguridad del establecimiento captaron cada movimiento. Esas imágenes se convertirían en la pieza clave que desencadenaría toda la investigación posterior.
Los agentes del Área de Investigación del Puesto de la Guardia Civil de Pont d'Inca analizaron las grabaciones y lograron identificar plenamente a la pareja. Las pesquisas apuntaban a algo más que un hurto oportunista: según la investigación, ambos habrían viajado expresamente a Mallorca con la única finalidad de cometer hurtos al descuido de forma organizada. La isla, destino turístico de primer orden, habría sido elegida como escenario de operaciones.
El dispositivo de búsqueda desplegado por la Guardia Civil localizó al varón en las inmediaciones del aeropuerto de Palma, en lo que todo apunta a un intento de fuga de la isla tras el golpe. Fue detenido como presunto autor de un delito de hurto.
En dependencias policiales, la detención reveló su verdadera dimensión. El detenido no era un ladrón ocasional: era un prófugo internacional con una pesada mochila judicial. Sobre él pesaba una Orden Europea de Detención y Entrega (OEDE) para comparecer ante la Audiencia Nacional, además de tres requisitorias judiciales emitidas respectivamente por Austria, Rumanía y un juzgado de Palma de Mallorca.
El lunes 15 de junio fue puesto a disposición de la Autoridad Judicial competente, que decretó su ingreso inmediato en prisión provisional.
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