De izquierda a derecha: Antonio Domènech (Vibra), María Costa (FEHIF) y Abel Matutes (Palladium).
La salida abre una crisis de representatividad y, exhibe una fractura interna sobre cómo se gobierna y cómo se proyecta la patronal hotelera en un momento en que el sector reclama mayor peso político, influencia e interlocución.
La baja de Vibra Hotels es efectiva desde el 1 de enero de 2026 y fue confirmada en el marco de Fitur 2026 por su CEO, Antonio Doménech, que ha situado el detonante en una “falta de cambios y modernización” en el funcionamiento de la federación.
Pero detrás del argumento genérico —modernización, profesionalización, mayor proyección institucional— hay un conflicto mucho más concreto: el sistema de representatividad y voto interno. Según la versión trasladada por la propia FEHIF, Vibra se marcha, entre otras razones, por la regla de “un establecimiento, un voto” en la elección de la junta directiva de la FEHIF.
Las grandes cadenas sostienen que ese modelo penaliza a quien concentra más camas y más inversión, y reclaman un esquema en el que el voto se pondere por número de plazas. La federación, en cambio, defiende el sistema actual como el más integrador para el conjunto del tejido hotelero, también para pequeños y medianos establecimientos.
La dirección de la patronal admite que el pulso no tiene una salida fácil. Su gerente, Manuel Sendino, lo ha descrito como un conflicto de difícil resolución, y pese a lamentar la marcha insiste en que la FEHIF mantiene una representatividad elevada: asegura seguir agrupando alrededor del 65% de las plazas hoteleras de Ibiza y Formentera.
La decisión de Vibra llega siguiendo los pasos de Palladium, la hotelera de Grupo Matutes que ocupa el 10º puesto en el ranquin hotelero español por número de habitaciones en todo el mundo y que anunció su salida a finales de 2024. Su salida de la FEHIF se justificó en discrepancias con la línea de trabajo de la federación y a la exigencia de una renovación que no llegó.
En ese contexto, el cambio de presidencia en la FEHIF —con la elección de María Costa Roig, propietaria de un pequeño hostal de 20 habitaciones en la calle Galicia de la ciudad de Ibiza— fue interpretado por los grupos críticos como una continuidad del modelo previo, justo lo contrario de lo que reclamaban los grandes operadores.
Palladium llegó a plantear medidas para aumentar el músculo y la visibilidad de la patronal: desde ajustes de cuotas para ganar capacidad hasta mejoras de comunicación e imagen y una federación “más activa” ante instituciones y asociados. Pero todo fue en vano.
El “divorcio” de Vibra y Palladium con la FEHIF no se explica por una discrepancia puntual, sino por una enmienda a la estructura: gobernanza, peso real, profesionalización y utilidad práctica. La federación sostiene que ha introducido cambios y que su modelo es el que ha permitido cohesionar al sector; las grandes cadenas, por su parte, consideran que la patronal no se ha adaptado al tiempo presente y que su influencia está por debajo de lo que debería ser en Ibiza.
En la práctica, la imagen que queda es la de una organización que pierde a sus dos buques insignia y que se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿puede liderar el relato turístico y negociar con solvencia si los principales jugadores se sientan fuera? La FEHIF insiste en que sí; Vibra y Palladium, en que no con el modelo actual. El problema no es sólo de cuotas o votos: es de poder.
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