OPINIÓN

Cuando la escasez se confunde con productividad

En los últimos tiempos, algunos economistas han defendido que la productividad de Baleares ha aumentado gracias al incremento del precio de las estancias turísticas, lo cual está, en buena medida, conectado con las limitaciones impuestas al crecimiento de la oferta. Su argumento es sencillo. Sostienen que los elevados precios de los alojamientos disparan el valor de la hora trabajada en el sector, es decir, el valor añadido generado por cada trabajador. Sobre el papel, la productividad mejora. Sin embargo, tal como saben esos mismos economistas, se trata de una productividad aparente, no real. Se trata, en realidad, de rentas de escasez.

Imaginemos que mañana un alcalde redujera a la mitad las licencias de taxi de su municipio. Lo más probable es que los ingresos de cada taxista aumentaran de forma considerable. Las estadísticas mostrarían un mayor valor añadido por trabajador e incluso por hora trabajada. ¿Significa eso que los taxistas son ahora más productivos? Evidentemente no. Ni conducen mejor, ni realizan más servicios ni utilizan una tecnología más eficiente. Lo único que ha cambiado es la mayor escasez, creada artificialmente por la regulación.

Alternativamente, si esos mismos taxistas incorporaran nuevos automóviles con más tecnología, que les permitieran ofrecer un mejor servicio —por ejemplo, con menores tiempos de espera o trayectos más optimizados—, estaríamos hablando de una mejora de la productividad real del capital. De hecho, en este caso es posible que, incluso con menos licencias, el usuario disfrute de un servicio mejor.

Con el alojamiento turístico ocurre algo parecido. Si una habitación se vende al doble de precio porque la oferta está limitada, el valor añadido aumenta, pero la eficiencia económica puede seguir siendo exactamente la misma, aunque se puedan pagar salarios más elevados, tal como ya ocurre. Confundir ambas cosas supone atribuir a la productividad lo que, en realidad, es una renta derivada de la escasez.

Como en el caso de los taxistas, una mejora de la productividad del capital en hostelería sí puede suponer un mayor valor añadido real. Tal sería, por ejemplo, el caso de un nuevo sistema inteligente de gestión energética o de un rediseño del mobiliario que permita reducir los tiempos de preparación de las habitaciones.

La diferencia no es menor. Una economía aumenta su productividad cuando produce más o mejores bienes y servicios con los mismos recursos. En cambio, cuando la producción permanece igual y únicamente aumenta el precio como consecuencia de restricciones administrativas, no se ha creado más riqueza; simplemente se ha redistribuido a favor de quienes disfrutan de una posición protegida y en detrimento de quienes desarrollan su actividad en mercados abiertos a la competencia.

Es por ello que las políticas encaminadas a generar escasez suelen tener otra consecuencia que pasa más desapercibida: incrementan la desigualdad. Quienes ya poseen una licencia, una autorización o un establecimiento protegido ven aumentar el valor de su patrimonio y de sus ingresos. En cambio, quienes no están en esa situación soportan el coste de una economía con menores incentivos a la eficiencia.

Paradójicamente, con la pretensión de una mejora social se pueden terminar concentrando aún más esos beneficios entre quienes ya ocupaban una posición privilegiada. La desigualdad deja entonces de depender, en mayor medida, de la capacidad para innovar, invertir o trabajar mejor y pasa a depender del acceso a un permiso administrativo.

Algo parecido ocurrió durante décadas con los monopolios legales o fuertemente protegidos de la telefonía, los carburantes, el ferrocarril, el servicio postal o buena parte del transporte aéreo. La falta competencia les permitía fijar precios capaces de absorber costes superiores, incluidos los laborales. Así, sus salarios más elevados, –a pesar de contar con extensas plantillas–, no eran necesariamente consecuencia de una mayor productividad, sino del poder de mercado que otorgaba la regulación. 

En definitiva, las estadísticas de Baleares pueden registrar un incremento de la productividad aparente. Pero, antes de celebrarlo, conviene preguntarse qué ha cambiado realmente. Porque una cosa es crear más valor y otra muy distinta es que la escasez, real o artificial, permita cobrar más por lo mismo. Confundir la productividad con las rentas de escasez no solo puede conducir a diagnósticos erróneos, sino también a políticas que, bajo la apariencia de proteger el interés general, terminan favoreciendo a unos pocos y reduciendo las oportunidades del conjunto de la sociedad.

Pep Ignasi Aguiló

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Pep Ignasi Aguiló

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