Categorías: OPINIÓN

Demetrio Peña, fundador de PIMECO

Hoy, las luces del pequeño comercio de Mallorca se han atenuado con el fallecimiento de Demetrio, nuestro fundador, guía y, para muchos, un mentor inolvidable. Como presidenta actual de PIMECO, me resulta difícil encontrar las palabras para describir la magnitud de su legado, no solo en nuestra organización, sino en el corazón de todos los que hemos dedicado nuestras vidas a defender el comercio local, la esencia de nuestros barrios, y el alma de nuestro pueblo.

Demetrio no era solo un líder; era un activista incansable. Sus manos, siempre dispuestas a construir, y su voz, firme y apasionada, lograron levantar un movimiento cuando el pequeño comercio parecía olvidado frente a la imponente llegada de las grandes superficies. Fue su espíritu combativo el que, en momentos críticos, nos dio la fuerza para luchar por lo que creemos: un comercio cercano, familiar, que no solo vende productos, sino que conecta generaciones y da vida a las calles de Mallorca.

Recuerdo sus relatos sobre los años de lucha más intensa. En 2000, tuvo la valentía de organizar un cierre patronal, algo nunca visto, porque sabía que nuestra voz debía ser escuchada. Su capacidad para unirnos bajo una causa común fue extraordinaria. Hoy, más que nunca, debemos recordar esa unidad y hacerla nuestra bandera.

Pero no solo fue un defensor de los derechos de los comerciantes. Su labor como creador de la Fundació Deixalles, pionera en el reciclaje y en la inclusión social, demuestra su visión más allá de lo económico. Para él, el comercio local y la sostenibilidad iban de la mano, y esa lección sigue siendo una brújula para nuestro trabajo diario.

Demetrio también nos enseñó que liderar es más que tomar decisiones: es escuchar, es servir, y es luchar con dignidad. Su carácter era una mezcla única de fuerza y simpatía y un corazón generoso. Fue un hombre adelantado a su tiempo, capaz de prever los retos que enfrentaríamos y de preparar el camino para afrontarlos.

Hoy, al recordarlo, siento una profunda gratitud. Su legado nos obliga a no rendirnos nunca, a no olvidar de dónde venimos ni hacia dónde queremos ir. Si PIMECO es hoy un pilar para los pequeños y medianos comerciantes de Mallorca, es gracias a él. Si el comercio local sigue resistiendo frente a los grandes desafíos, es porque sembró en nosotros la semilla de la perseverancia y la convicción.

Demetrio, desde donde estés, queremos que sepas que tu lucha no fue en vano. Seguiremos trabajando, como tú lo hiciste, con pasión, determinación y el compromiso inquebrantable de proteger ese pequeño comercio que tú amabas y por el que diste tanto.
Descansa en paz, amigo y maestro. Prometemos que el legado que nos dejas no será solo un recuerdo, sino una misión que honramos cada día.

Carolina Domingo

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Carolina Domingo

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