Estamos en el ecuador del verano si lo miramos desde la perspectiva de las vacaciones y de la proximidad del inicio del curso escolar y político. Los meses de junio, julio y este agosto han sido intensos. A saber, lo que nos deparará el futuro más inmediato.
El miércoles tuvimos la oportunidad histórica para muchos de contemplar un eclipse completo. Los lugares de observación registraron una inusitada afluencia de ciudadanos. El despliegue de seguridad en todos los sentidos funcionó sin muchos incidentes importantes. El evento, por otro lado, fue una oportunidad de promocionar las Baleares para otro tipo de turismo. Para esto no se necesitan embajadores. A raíz del eclipse y de todo el numeroso operativo de seguridad desplegado, cabe preguntarse si para el vivir cada día quizás con sólo la mitad de estos efectivos podría mejorarse la seguridad ciudadana o quizás disminuir la sensación de inseguridad que asalta a los ciudadanos. Porque, a veces, el ver un policía por la calle casi es una casualidad. Y no, no me olvido del Ejército que, a lo mejor, podría incorporarse a las tareas de seguridad ciudadana, como ocurre en otras ciudades europeas.
Seguimos. Hemos tenido dos manifestaciones en contra de la masificación y saturación turística. La primera, 26 J, multitudinaria acabó con cargas de la Policia y aún no sabemos nada de las investigaciones para saber realmente lo que ocurrió y otra la semana pasada en Sóller no tan numerosa, acabó bien. ¿Y ahora qué? Lo más probable es que seguirá la politización del turismo dada la proximidad de las elecciones autonómicas y locales y veremos si se adoptan medidas o no. Un dato de Eurocontrol, el aeropuerto de Son Sant Joan en este mes superará su capacidad en 18 ocasiones y en septiembre en ocho, pero AENA niega estas cifras. Y, no hay que olvidarse de la afectación del cambio climático en el litoral balear, importante. La pregunta clave del futuro es ¿cómo queremos que Mallorca sea conocida?
En definitiva, lo que querían las manifestaciones es que se adopten ya decisiones para que las islas dejen de ser un producto y que sea un un lugar donde nuestros hijos y nietos no tengan que salir para dedicarse a un trabajo cualificado.
Ha pasado ya la Copa del Rey de vela sin pena ni gloria como los últimos tiempos y de la misma forma la Familia Real, como cada año, novedades ni una. Incluso una recepción a la sociedad civil de siempre (con las guayaberas como uniforme masculino, un año más) en el Palacio de Marivent, mirando de reojo lo que se vivía y se vive en Ceuta, una situación excepcional, y una ciudadanía la de la ciudad autónoma, que espera aún al Rey.
Incluso hemos tenido nombramientos de embajadores de Mallorca, el Consell sigue nombrándolos (como si fuera el ministerio de Asuntos Exteriores). Basta mencionar a Michael Douglas, un tesoro. El resto eran del todo previsibles. ¿Qué será lo siguiente?.
Han pasado muchas cosas y las que pasaran, seguiremos atentos.
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