Estaba corrigiendo exámenes de la asignatura de Opinión Pública y de fondo, escuchando música clásica. Ha empezado a sonar el cuarto movimiento de la novena de Beethoven, con la Oda a la alegría, el poema de Schiller. Mientras mis ojos buscan en la opinión de mis alumnas lo que realmente piensan de la manipulación que los medios de comunicación hacen al individuo, en singular, para obtener en el público, en plural, el silencio de los corderos. O, como les explico, la Espiral del Silencio de Elisabeth Noelle-Neumann. Mientras que el coro ataca con fuerza el canto del tenor, mis ojos empiezan a lagrimear. La de personas que hemos soñado que alguna vez sería verdad este himno. No sé alemán, y me viene a la memoria la canción en castellano de Miguel Ríos y tengo que parar: estoy llorando. Llorando por los que murieron por la democracia, los que murieron por vivir en una sociedad en paz y libertad. Los que sufrieron el terror de las dictaduras de derechas y de izquierdas. Y con su sangre regaron la tierra que hoy es Europa. Con su tradición, sus costumbres, sus leyes, sus gentes y sus sueños. Y el coro sube la voz hasta las alturas, donde se supone que el Dios, el que sea, debe escuchar la petición de los humanos: felicidad, alegría y paz, sobre todo paz.
La historia de la Oda de la alegría nos cuenta que fue utilizada por Bismarck para la unificación de la Alemania del siglo XIX. Lo fue, para anunciar por la radio la muerte del asesino Adolf Hitler y el final del nazismo. La utilizó la Segunda República española, cuando permitía a los comunistas y anarquistas asesinar a civiles y religiosos, a los ricos y a los de derechas. La utilizaron Franco y Mussolini, en sus cuarteles y campos de concentración. La Oda o Himno a la alegría, fue la música que utilizaron las dos Alemanias, la comunista y la liberal, en los Juegos Olímpicos durante la Guerra Fría. Y como himno de la reunificación. En 1984, fue declarado el himno de la Unión Europea. Y en 1970, el cantante español Miguel Ríos le puso letra: Si en tu camino solo existe la tristeza/ y el llanto amargo de la soledad completa/ ven canta, sueña cantado vive soñando el nuevo sol/ En que los hombres volverán a ser hermanos.
Beethoven fue el primer compositor que utilizó la canción y el canto coral en una sinfonía. Lo hizo como expresión de sus creencias en la paz, en la fraternidad, en la libertad y en la justicia. Y eligió el poema de Schiller por entender que más allá de las estrellas encontraremos a ese Dios, padre amoroso. Del año 1822 al año 2026, lo que ha cambiado el mundo en 200 años.
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