Explora los mitos comunes sobre las piscinas y su mantenimiento.
Podría ser uno de los mitos más extendidos, pero que huela a cloro no es sinónimo de que esté limpia. Simplemente significa que la piscina tiene exceso de cloro. Alfonso García, de Garsom Pool, explica al equipo de INFOVERITAS que existen dos tipos de cloro, el libre y el residual. El nivel de cloro libre que debe permanecer en una piscina oscila entre 0,5 y 2 puntos, mientras que el nivel de cloro residual no debe estar por debajo del 0,6 puntos. Pero, además, también deben estar en su justa medida otros parámetros. “Un medidor que se olvida habitualmente es el nivel de pH que debe mantenerse en la piscina, idealmente debe encontrarse entre 7,2 y 8”, explica Alfonso García.
Los compuestos químicos que se forman debido al sudor, cosméticos… pueden hacer una reacción bacteriana que contamina el agua, por eso es importante controlar los niveles de cloro de la piscina. La revisión debe darse cada vez que terminemos la jornada del baño. Según el Real Decreto 742/2013, de 27 de septiembre, por el que se establecen los criterios técnico-sanitarios de las piscinas, por ley, estas revisiones deberán tener lugar “al menos 1 vez por día y según lo señalado en el artículo 11.4 por la mañana antes de abrir las piscinas al público”.
Falso. Si bien es cierto que las piscinas consumen mucha agua y son caras de mantener, dependerá de su tamaño, capacidad, cuidado y horas de sol, explica Alfonso García. Habitualmente, el agua de una piscina podrá cambiarse cada 4 o 5 años. Claramente, necesitas bastante agua para llenar la piscina, pero no tiene por qué implicar vaciarla año tras año.
El color verdecino que cogen las piscinas está relacionado con las algas que pueden aparecer como causa de las olas de calor. Alfonso García recomienda productos antialgas para retirarlo o aumentar el cloro de la piscina para depurar el agua. Asimismo, para limpiar el agua debe estar dando vueltas constantemente. El agua estancada se pudre, en ese caso, se debiera cambiarla. Por ejemplo, si se hubiera roto la depuradora.
En el artículo ya publicado «¿Hay que esperar dos horas para meterse al agua después de comer?«, el doctor Pedro Viaño Nogueira, pediatra y miembro del comité editorial de En Familia, la web divulgativa dedicada a las familias de la Asociación Española de Pediatría (AEP), desmentía esta leyenda. La digestión y el baño unidos crean una gran controversia en padres, quienes han utilizado como excusa la digestión para evitar que los niños se bañaran inmediatamente después de comer.
El concepto hidrocución, que no corte de digestión, no ocurre por bañarse justo después de comer, sino por el choque de temperaturas entre el cuerpo que suele encontrarse a una temperatura caliente y el agua fría de la piscina o el mar.
Falso. Es una de las leyendas populares más extendidas sobre las piscinas. Alfonso García explica que, en 18 años de profesión, jamás ha visto la existencia de un producto que reaccione colorando el agua cuando entra en contacto con la orina. A pesar de la evidencia, este mito está muy arraigado y sigue pasando de generación en generación, creando dudas sobre si es cierto o no lo es.
Recordamos la escena de Buscando a Nemo en la que el pez payaso era tragado por los sumideros de la pecera y terminaba en el océano. Si bien los skimmers de la piscina tienen una gran potencia de absorción, “no suponen en sí mismos un riesgo”, declara Alfonso García. “Los accidentes que en ocasiones pueden sucederse son debidos a negligencias humanas”, explica el dueño de Garsom Pool. Si se quedan encendidas las boquillas del limpiafondos o se deja la llave abierta por accidente, puede darse la ocasión de tener un problema con la mano de algún niño. Por eso, se debe estar atento y cerrar las compuertas al terminar para evitar estos pequeños accidentes. Distan de la gravedad de una muerte, aunque puedan ocasionar un susto.
Con los niveles de cloro que hay normalmente en una piscina, no pasa nada malo por tragar un poco de agua. “A no ser que bebas 5 litros de agua, evidentemente, bien no te puede sentar”, cuenta Alfonso García. Sin embargo, atragantarse un par de veces no puede provocar ningún problema estomacal.
Falso. El agua salada de las piscinas contiene en sus componentes químicos cloro. “La ventaja que tienen es que no puede provocarse un exceso de cloro, debido a que se produce de manera autónoma”, relata Alfonso García. Las piscinas de cloro salino generan este producto químico mediante la electrolisis.
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