Nuestra democracia pende de un hilo. El gobierno socialcomunista, junto con sus aliados separatistas, ha tomado como rehén al Rey y arremete contra la Justicia. Europa nos echa una mano… al cuello: se dispone a entregarles una millonada, la mitad a crédito. No impedirá que la economía se hunda, y agravará nuestra ruina. Cada vez somos más quienes vemos que este estado de cosas nos conducirá gradualmente -o no- a un régimen que de democracia sólo conservará el nombre.
Hasta aquí el diagnóstico. Intentemos ahora esbozar una solución.
La alianza izquierda-nacionalismo siempre sumará mayoría absoluta. Tiene razón Pablo Iglesias cuando afirma que la derecha no volverá a gobernar… si nada cambia. Todas las encuestas indican que por muy mal que lo hagan, los partidos del gobierno y sus aliados tienen un suelo de votantes inamovibles. Su formidable maquinaria de propaganda les proporciona excusas para todos los desmanes. “No se podía saber”; “los otros lo harían igual de mal”; “todos los países están igual”; hasta ¡“el PP incumple la Constitución”! Y todo se lo tragan sin pestañear.
A grandes males, grandes remedios. Creo que una gran mayoría de españoles estamos deseando la unión del centro derecha en una coalición preelectoral que evite perder escaños. El sistema proporcional y la ley D’Hondt hacen que, por separado, el centro derecha jamás pueda alcanzar la mayoría absoluta. En cambio, sí podría obtenerla concurriendo juntos a las elecciones.
¡Ojo!, dicen algunos, que hay muchos votantes de cada uno de esos partidos que no votarían a la coalición. Tal vez. Para evitar ese efecto y compensarlo atrayendo nuevos votantes es preciso proponer un programa que ilusione al electorado. Y hay un programa evidente que necesita España urgentemente y que aseguraría una democracia reforzada y mejorada para otros cuarenta años o más. Me atrevo a adelantar algunas ideas:
En fin, queda clara la idea general, espero, de esta lista no exhaustiva: aprovechar esta crisis política, mucho más peligrosa que la sanitaria, para asentar y mejorar nuestra democracia. Una vez alcanzado el Gobierno por la coalición, probablemente hasta la parte moderada del PSOE, la vieja guardia expulsada por Sánchez, podría suscribir estas reformas, alcanzando un gran consenso que hiciera posible llamar a este proceso La Segunda Transición.
El principal obstáculo me temo que podrían ser los actuales líderes de los partidos implicados. Los necesitamos a todos: la claridad y la firmeza de ideas de VOX, la moderación y la seriedad en las formas del PP, incluso el afán reformista y el pactismo de Cs. Hasta recuperar a las figuras señeras que últimamente se han ido viendo relegadas. Necesitamos generosidad e iniciativa, y me atrevo a recordarles lo que sucedió entre Cs y UPyD: cuando los votantes desean unión, no es prudente resistirse. No hay tiempo: si el Gobierno toma el Poder Judicial, estará en peligro hasta la posibilidad de celebrar elecciones libres. Quien dé el primer paso tendrá mucho ganado. Es cuestión de vida o muerte: unión o Sánchez; democracia o tiranía.
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