La contienda fue una batalla física desde el saque inicial. La defensa de los Seahawks marcó la pauta, limitando las oportunidades de los Patriots y manteniendo el empate sin touchdowns hasta bien entrado el tercer cuarto. El pateador Jason Myers rompió la inercia con su quinta conversión de gol de campo en un Super Bowl —récord en la historia del evento— y cimentó la ventaja que Seattle nunca soltó.
En la segunda mitad, el mariscal de campo Sam Darnold encontró ritmo y conectó un pase de touchdown que selló la ventaja definitiva para los Seahawks, mientras la joven estrella de los Patriots, Drake Maye, luchó por encontrar espacios ante una defensa que presionó constante y eficazmente. Con este resultado, Seattle suma su segundo título de Super Bowl, el primero desde 2014, y se reivindica tras años de reconstrucción y ajustes en su plantilla.
El espectáculo del medio tiempo volvió a convertirse en noticia global, y Bad Bunny lo transformó en un hito cultural. El artista puertorriqueño encabezó el Apple Music Super Bowl LX Halftime Show, marcando un antes y un después como primer músico de habla hispana en liderar el espectáculo casi íntegramente en español.
Desde el inicio, Bad Bunny imprimió un sello propio al transformar el campo de juego en una escena que celebró la cultura puertorriqueña y latina. Con un repertorio que incluyó éxitos como “Tití Me Preguntó”, “Yo Perreo Sola” y “DTMF”, el espectáculo combinó música, coreografías y montajes diseñados para evocar paisajes y barrios latinos.
La puesta en escena contó además con la participación de Lady Gaga, que llevó una versión salsa de “Die With a Smile”, y de Ricky Martin, quien interpretó “Lo Que Le Pasó a Hawái”. A lo largo del show también aparecieron artistas y figuras como Cardi B, Pedro Pascal o Karol G, contribuyendo a un espectáculo que se leyó como una celebración de diversidad y unidad frente a una audiencia global masiva.
Un momento que trascendió lo musical fue cuando Bad Bunny, en un gesto simbólico, entregó uno de sus premios Grammy a un niño durante la actuación, en un segmento destinado a transmitir un mensaje de esperanza y perseverancia a las nuevas generaciones.
El impacto del show de Bad Bunny se sintió más allá del deporte. En redes sociales y comentarios de la prensa internacional se destacó cómo su actuación elevó la representación latina en uno de los escenarios televisivos más vistos del año. No faltaron reacciones encontradas: figuras públicas como Donald Trump criticaron el espectáculo: "Nadie entiende lo que habla este tipo (Bad Bunny)".
A nivel deportivo, el triunfo de los Seahawks abre una nueva era para la franquicia y plantea interrogantes sobre su continuidad en la élite de la NFL, mientras que los Patriots —con un proyecto joven alrededor de Maye— buscan reinventarse tras la derrota.
La Super Bowl LX quedará en la memoria no solo por el marcador final, sino por este cruce entre deporte y espectáculo cultural que redefinió los límites del entretenimiento en uno de los eventos televisivos más importantes del año.
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