EDITORIAL

Venezuela necesita auxilio internacional

Las imágenes que llegan desde Venezuela tras los dos terremotos consecutivos que han sacudido el país estremecen por su dureza. Edificios derrumbados, infraestructuras gravemente dañadas, familias que lo han perdido todo y un elevado coste en vidas humanas dibujan un escenario de devastación que exige una respuesta solidaria de la comunidad internacional. Cuando la naturaleza golpea con semejante violencia, desaparecen las fronteras ideológicas y sólo queda el deber moral de ayudar a quienes atraviesan una tragedia de dimensiones colosales.

Los seísmos han dejado una profunda herida material, pero también psicológica. Miles de personas afrontan ahora la incertidumbre de no saber si podrán regresar a sus hogares, cómo reconstruir sus vidas o de qué manera garantizar las necesidades más básicas de sus familias. A la destrucción de viviendas, hospitales, escuelas y carreteras se suma el drama silencioso de quienes han perdido a un ser querido o viven con el miedo permanente a nuevas réplicas.

Hoy son muchos los que viven con angustia las noticias que reciben de padres, hijos, hermanos y amigos al otro lado del Atlántico

España mantiene históricos vínculos con Venezuela, y Baleares conoce especialmente bien esa realidad. En nuestras islas reside una numerosa colonia venezolana que, desde hace años, forma parte de nuestra sociedad, contribuyendo con su trabajo, su talento y su esfuerzo al progreso común. Hoy son muchos los que viven con angustia las noticias que reciben de padres, hijos, hermanos y amigos al otro lado del Atlántico.

Es el momento de que instituciones, empresas, organizaciones sociales y ciudadanos respondan con generosidad. Toda ayuda cuenta: donaciones económicas, envío de material de primera necesidad, apoyo a las organizaciones humanitarias y acompañamiento a quienes sufren la distancia y la incertidumbre. La solidaridad no puede quedarse en mensajes de condolencias y minutos de silencio.

Venezuela necesita recursos para reconstruirse, pero también necesita sentirse acompañada. En los momentos más oscuros, la fraternidad entre pueblos adquiere todo su sentido. Baleares, tierra de acogida y de profundos lazos con la comunidad venezolana, tiene hoy una oportunidad para demostrar que la solidaridad no entiende de océanos ni de fronteras.

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