OPINIÓN

BlackRock, las tensiones geopolíticas y el riesgo sistémico de los mercados

BlackRock limita temporalmente los reembolsos en uno de sus fondos de crédito privado. La medida afecta únicamente a un fondo concreto y responde a límites de liquidez previstos, el contexto en el que se produce con los conflictos internacionales invita a reflexionar sobre el sistema financiero. 

El fondo especializado en crédito privado recibió solicitudes de retirada de capital superiores al límite trimestral permitido. La gestora aplicó el mecanismo de restricción previsto en su reglamento, permitiendo únicamente una parte de los rescates solicitados. Desde un punto de vista técnico, esta decisión no implica insolvencia ni suspensión de actividad. Refleja el nerviosismo de los inversores en un momento de elevada incertidumbre. 

A la guerra en Ucrania se suma la guerra en Irán. Europa, altamente dependiente de la estabilidad energética internacional, se encuentra particularmente expuesta a cualquier perturbación que afecte al suministro de petróleo y gas. 

Desde el inicio de la guerra en Ucrania, la economía europea ha afrontado presiones considerables, encarecimiento de la energía, inflación persistente y una pérdida progresiva de competitividad industrial en algunos países clave, como Alemania. Una escalada en Oriente Medio podría agravar una situación económica. 

El Financial Times y otros medios económicos internacionales han advertido recientemente que la guerra abierta con Irán podría tener consecuencias económicas globales muy serias, especialmente por su impacto en la energía, la inflación y los mercados financieros. El petróleo se sitúa en el centro de estas preocupaciones. Tras los primeros episodios de escalada militar, el precio del Brent se ha aproximado a los 90 o incluso 95 dólares por barril. En Europa, el precio de referencia del gas (TTF) llegó a subir más de un 50 % en los primeros momentos de tensión y en algunos momentos incluso se acercó a duplicarse respecto a la semana anterior, impulsado por el temor a interrupciones en el suministro de gas natural licuado procedente del Golfo y por el riesgo de bloqueo del Estrecho de Ormuz. 

Economistas europeos citados por el Financial Times dicen que una guerra prolongada provocará un nuevo pico de inflación mundial, una fuerte subida del precio de la energía y una desaceleración económica en Europa. El continente se encuentra en una situación particularmente vulnerable debido al impacto acumulado de la guerra en Ucrania, a la desaceleración industrial y al mantenimiento de tipos de interés elevados. 

El episodio de BlackRock ha reavivado también el debate sobre la supervisión de los mercados financieros. En un sistema donde grandes gestoras administran billones de dólares en activos, la estabilidad del sistema depende en gran medida de la confianza de los inversores y de la capacidad de las instituciones para gestionar episodios de tensión sin desencadenar reacciones en cadena. 

Los acontecimientos aparentemente lejanos terminan teniendo repercusiones muy concretas en las economías locales. Territorios como Mallorca, cuya economía depende del turismo, el transporte aéreo y el consumo, son particularmente sensibles a cualquier crisis económica global. 

Un encarecimiento sostenido de la energía podría traducirse en vuelos más caros, costes logísticos más elevados y un aumento generalizado de precios en el sector turístico. A su vez, una pérdida de poder adquisitivo en los países emisores de turistas podría reducir el gasto en destino. El pequeño comercio local, que constituye uno de los pilares de la vida económica de la isla, suele ser uno de los primeros sectores en notar estos cambios. 

Resulta fundamental proteger el tejido empresarial local y garantizar condiciones que permitan su continuidad. El pequeño comercio no solo genera empleo y actividad económica, sino que también forma parte del equilibrio social de ciudades y barrios. Cuidarlo implica comprender que las crisis globales terminan repercutiendo siempre en la economía cotidiana de las personas. En territorios como Mallorca, donde una parte esencial de la actividad económica depende del turismo, resulta necesario reforzar la promoción del destino durante todo el año. Apostar por el turismo a lo largo de todas las épocas del año no solo contribuye a reducir la estacionalidad, sino que permite mantener abiertos los comercios, sostener el empleo y dar estabilidad a miles de pequeñas empresas que dependen de la actividad turística para sobrevivir.

Carolina Domingo

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