EDITORIAL

Cuba es inviable y ya no es negocio para los hoteleros mallorquines

La salida de Melià e Iberostar de Cuba constituye, sin exageración alguna, la noticia más importante para el sector hotelero mallorquín en lo que llevamos de año. No se trata únicamente de una decisión empresarial, sino de la constatación del final de una etapa histórica que comenzó hace más de tres décadas y que convirtió a las cadenas mallorquinas en protagonistas indiscutibles del desarrollo turístico de la isla caribeña.

Meliá desembarcó en Cuba en 1990. Iberostar lo hizo poco después. Durante años, ambas compañías fueron presentadas como ejemplos de internacionalización, capacidad de gestión y visión estratégica. Mientras otros mercados atravesaban crisis cíclicas, Cuba aparecía como una apuesta segura a largo plazo. Hoy, aquella realidad ha saltado por los aires.

Iberostar ha dejado de operar doce hoteles vinculados al conglomerado estatal GAESA, controlado por las Fuerzas Armadas cubanas. Melià, por su parte, ha anunciado el cese inmediato de la gestión y comercialización de quince establecimientos. Todo ello bajo la presión de las nuevas sanciones impulsadas por la Administración Trump contra las empresas extranjeras que mantengan relaciones comerciales con estructuras económicas controladas por el régimen cubano.

Sin embargo, sería un error atribuir exclusivamente a Washington esta retirada. Las sanciones han actuado como detonante, pero el problema viene de mucho más atrás. Cuba atraviesa una profunda crisis económica y energética. Los apagones se han convertido en rutina, los carburantes para vehículos y motores de explosión escasean de forma alarmante, el turismo internacional no recupera los niveles previos a la pandemia, la conectividad aérea se ha reducido por falta de queroseno y numerosos hoteles permanecen cerrados o infrautilizados.

La marcha de las grandes hoteleras mallorquinas ha acabado siendo la consecuencia inevitable de los últimos estertores de un régimen dictatorial comunista que ha hundido el país por su absoluta incapacidad de adaptarse a la economía global. El régimen castrista del presidente Díaz Canel ha colapsado económicamente y afronta días de gran sufrimiento para el pueblo cubano, principal víctima de un delirio revolucionario que sólo sostienen los corruptos jefes que mandan allí.

Para Mallorca, además, esta decisión tiene una enorme carga simbólica. Meliá e Iberostar se retiran de uno de los mercados internacionales más emblemáticos de su expansión. Que dos compañías acostumbradas a gestionar crisis y adaptarse a entornos complejos hayan llegado a esta conclusión debería hacer reflexionar a quienes todavía sostienen que el modelo económico cubano es viable. No lo es.

Cuba pierde hoteles. Pero, sobre todo, pierde confianza. Y recuperar la confianza siempre resulta mucho más difícil que gestionar un hotel.

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