Categorías: OPINIÓN

La violencia que no cesa

Entre los múltiples escándalos que compiten, a díario, para encabezar las portadas de los medios de comunicación destacan los de corrupción y los de violencia. Los temas se amontonan en las redacciones. La realidad supera con creces la imaginación y los ciudadanos están ojipláticos.

Un caso de corrupción supera al anterior y lo supera en todas sus magnitudes. En la dimensión de las cantidades económicas distraídas, en las estrategias de las organizaciones para dar cobertura a sus corruptos, en el nivel del caradurismo institucionalizado y la falta más absoluta de autocrítica.

La crudeza de la violencia de género y el progresivo genocidio del terrorismo internacional son los  los aspectos de este ámbito que con mayor intensidad golpean las conciencias de las poblaciones, formadas en su mayoría por gente buena.

Quiero aprovechar la oportunidad que me dan estas líneas para apuntar a un tipo de violencia, menos conocido, que esta creciendo de forma alarmante. Afecta a lo más esencial del ser humano y su avance es geométrico. Es espeluznante y no podemos responsabilizar a las organizaciones.

Por razones consustanciales a la naturaleza de la misma se esconde, se niega y se sufre en silencio. Excepcionalmente se denuncia.

Me refiero a la violencia filio-parental, violencia de los hijos a los padres. A las conductas reiteradas de agresiones físicas, verbales o gestos amenazadores..., dirigida a los padres o a los adultos que ocupan su lugar, como educadores o tutores. Golpes, empujones, insultos, amenazas, infringidos por hijos a sus padres son ya, por desgracia muy frecuentes. Esta semana la Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental le ha puesto cifras.

Es una epidemia oculta que afecta a más de 400.000 familias en España. Ante la fiscalía se han puesto más de 5000 denuncias. Y no incluye la violencia ocasional ni los episodios con epígrafe específico, como el parricidio, la agresión sexual, los asaltos planificados con armas letales o las agresiones realizadas en el contexto de una intoxicación por drogas, enfermedad mental o disminución psíquica. Estos datos incluyen solo la violencia en estado puro. ¿Y cual es el siguiente paso?. El futuro ya está aquí. Lo vemos casi a diario. Simple y llanamente, el abandono, en la mayoría de casos, previo saqueo. Lamentable.

Jaime Orfila

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Jaime Orfila

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