Estudiantes celebran su graduación en un estadio lleno de espectadores. Foto J. Fernández Ortega
El inicio de la megagraduación estaba programado para las ocho de la tarde, si bien los estudiantes y sus familias podían acceder a Son Moix ya a partir de las seis y media, para intentar facilitar una llegada escalonada al recinto.
En torno a las siete y media, podían divisarse aún grandes colas en los alrededores del estadio bermellón, con agentes de la Policía Local regulando el tránsito. El ambiente previo se asemejaba al de las grandes ocasiones, aunque en esta ocasión no para disfrutar de un partido de fútbol decisivo para los barralets, sino para presenciar una inédita graduación universitaria, que, en cierto modo, podríamos decir que era también decisiva, al menos paras sus jóvenes e ilusionados protagonistas.
Todo el público asistente siguió la ceremonia desde la Tribuna Este de Son Moix, antiguamente conocida como la Tribuna de Sol, una denominación que siempre fue absolutamente fiel a la realidad, según pudieron comprobar ayer in situ las más de 10.000 personas que fueron acomodadas en esa parte del estadio.
La mayoría de esas personas llevaban abanicos propios o utilizaban los pai pai de cartón que les había regalado la Universitat de les Illes Balears (UIB) para intentar contrarrestar los más de 30 grados que todavía había a esas horas, una circunstancia climática que motivó que no pocos padres y abuelos se quejasen de que en su momento no se hubiera optado por colocar a todos los asistentes en la Tribuna Oeste, en donde nunca da el sol.
Otros progenitores también se quejaron, pero ya en tono de broma, de que el original pai pai de la UIB fuera blanco y azul, o sea, blanquiazul —como el color de las camisetas del Atlético Baleares—, en lugar de rojo y negro, que son las dos tonalidades más características del Real Mallorca, un pequeño detalle que, quizás, debería de haberse tenido en cuenta en este caso.
En cambio, lo que sí despertó una valoración globalmente positiva fue el epígrafe que llevaba inscrito ese pai pai, 'Valores UIB', definiéndose como tales en ese mismo abanico la excelencia, el compromiso social, la pluralidad como bien, la sostenibilidad y el arraigo en el territorio.
Por su parte, los 1.375 estudiantes que participaron en este multitudinario acto de fin de promoción fueron ubicados en la parte central del rectángulo de juego, que ayer no era tal en sentido estricto, pero no sólo por la ceremonia en sí, que también, sino porque además no había en la cancha ni césped, ni porterías, ni banderines de córner, unos elementos que, previsiblemente, volverán a estar allí presentes en breve, en concreto, cuando el Real Mallorca se enfrente al PSG el próximo 5 de agosto en el Trofeu Ciutat de Palma.
Los citados estudiantes tuvieron algo más de suerte —es decir, algo menos de calor— que los padres, los abuelos o los amigos que les habían acompañado hasta Son Moix, pues en torno a las ocho de la tarde había más sombra que sol en la concurrida parte central y, además, se habían entregado a casi todos esos jóvenes tetrabriks de agua mineral, que, por cierto, también eran de color blanquiazul. Y hasta ahí puedo leer, como diría la gran Mayra Gómez Kemp.
En el centro del escenario nos encontrábamos también los afortunados periodistas, que en general optamos por situarnos al lado de los potentes altavoces y de la tarima habilitada esencialmente para los docentes de la UIB. Por lo demás, nuestras posibles dudas fueron diligente y amablemente resueltas por los equipos de comunicación de la UIB y del Mallorca.
Con puntualidad española, es decir, con apenas catorce minutos de retraso, empezó el acto propiamente dicho. En primer lugar, entró en el recinto la procesión académica, conformada por el claustro y por las autoridades que presidieron la ceremonia: el rector de la UIB, Jaume Carot, y el conseller de Educación y Universidades del Govern, Antoni Vera. Junto a ellos se encontraban miembros del Consejo de Dirección, los decanos, el director de la Escuela Politécnica Superior y el presidente del Consejo Social de la UIB, Antoni Bennasar.
A continuación, intervinieron la joven Khaoula Ikkene, del grado de Ingeniería Informática, y el joven Carlos Alejandro Araque, del grado de Fisioterapia, en representación de todos los graduandos allí presentes. Khaoula, de origen árabe, se expresó en catalán, mientras que Carlos Alejandro, natural de Venezuela, lo hizo en castellano, arrancando ambos numerosos aplausos tras sus breves alocuciones, en las que recogieron el mayoritario sentir de gratitud y de responsabilidad de sus compañeros y compañeras.
La ceremonia se prolongó por espacio de casi dos horas, ya que subieron a la tarima a recoger un diploma simbólico los titulados de la Escuela Politécnica Superior (178) y de las facultades de Ciencias (143), Derecho (173), Educación (320), Economía y Empresa (88), Filosofía y Letras (170), Enfermería y Fisioterapia (144), Psicología (71) y Turismo (88). Asimismo, estuvieron presentes los 33 alumnos que han obtenido el reconocimiento del premio extraordinario de finalización de estudios del curso 2024-2025.
La gran periodista de IB3 Glòria Franquet iba leyendo uno a uno los nombres de todos los graduandos, que de manera ordenada y paulatina subían a recoger sus respectivos diplomas por facultades, titulaciones y orden alfabético. La elegancia y la sobriedad en el vestir fueron la nota predominante en los atuendos de estos jóvenes, sin que además se produjera ninguna nota indumentaria discordante, al estilo de la que protagonizara el inolvidable Robin Williams al final de la película Patch Adams.
Consciente de que el acto estaba siendo bastante más largo que en años anteriores, a las 21.05 horas Franquet utilizó la ironía de manera sutil e inteligente. "Ja som per la meitat", dijo. Fue una frase que logró insuflarnos a casi todos un poco de ánimo, sobre todo porque se había hecho ya de noche, el calor no amainaba y la temperatura seguía en torno a los 30 grados.
Tal vez hubiera sido un buen momento para hacer una breve pausa de hidratación como las que la FIFA ha instaurado en el Mundial 2026, pero no para ningún jugador, claro, sino para el público asistente a la ceremonia de Son Moix, que empezaba a dar cada vez más muestras de un evidente cansancio. Pero esa mínima y necesaria pausa relajante no se produjo, por lo que tal y como estaba previsto el siguiente y último paso fue la alocución del rector de la UIB ante los allí presentes.
En otras circunstancias, es seguro que la intervención de Carot sobre el sentido del acto de ayer hubiera sido mayoritariamente aplaudida por el público asistente, pero no fue así, pues una parte significativa de ese público empezó a pitar y a silbar, al ver que dicha disertación se prolongaba por espacio de casi quince minutos. Una vez concluido ya el discurso del rector, se cantó el Gaudeamus igitur y se dio por acabada la ceremonia.
Por supuesto, no hubo invasión de campo al final de la megagraduación ni amago de tal, pues en esos instantes volvieron los aplausos y se produjo el ansiado reencuentro de los nuevos licenciados con sus familiares y amigos, entre sonrisas, algunas lágrimas de emoción y muchos abrazos.
Teniendo en cuenta cómo fue el desarrollo completo de la ceremonia de ayer, quizás no esté de más recordar lo que decía Baltasar Gracián sobre las virtudes de la brevedad en El arte de la prudencia: "La brevedad agrada y es útil: gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos veces bueno; incluso lo malo, si poco, no tan malo. Más consiguen quintaesencias que fárragos". Entiéndase aquí esa conocida cita de Gracián no como una crítica a la UIB, sino como un posible y deseable futuro halago.
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