Soy afortunada. Siempre he tenido la sensación de que los cambios, previstos o imprevistos, son un reto y, aunque suene a perogrullo, también una oportunidad.
Nunca he sentido el miedo al vacío debajo de mis pies más que por unas milésimas de segundos, y de forma inmediata, el placer de experimentar la oportunidad de un avance, de una nueva meta por alcanzar.
Por este motivo quizás, analizo de forma bastante estoica el fenómeno BREXIT. Primero, porque será un proceso lento, no inmediato, que permitirá adaptar de forma paulatina la situación Europa al nuevo contexto. Segundo, porque es necesario avanzar en un proceso “europeista”, anclado en el pasado, que no ha sabido evolucionar con paso rápido para adaptarse a las consecuencias de una crisis económica que ha arrasado con todo.
Una Europa con Instituciones, lentas y parsimoniosas, capaces de promulgar Directivas y Reglamentos Comunitarios,gestados a lo largo de décadas y que tardan otra década en ser o no aplicados en los Estados Miembros, no podía estar preparada para un cambio así.
De una unión monetaria favorable a todos los Países en pleno auge económico, a una hucha común para ir tapando agujeros, hay un abismo. No podía funcionar demasiado tiempo, tal y como había sido concebida. Pensando que sería la Europa de las adhesiones y nunca de los abandonos.
Lejos de ser una catástrofe, la situación, insisto, me parece una buena oportunidad para replantearse la fórmula más idónea de gestionar la economía global de los Estados Miembros, desde otras perspectivas.
Son nefastas para el avance, las posiciones derrotistas y que buscarán, sin duda, un rédito de cualquier tipo, a cambio de bloquear o hacer retroceder a los inversores.
Nefasto comienzo de legislatura tendrá un Gobierno en España (y Países en reivindicación), si entramos de la mano del miedo, del pánico generalizado y a menudo, hasta inexplicable.
Al fin y al cabo no es más que una estrategia para continuar dirigiéndonos, como si de ovejas se tratara, hacia la ladera del monte más provechosa para algunos en cada momento.
Por mi parte, como me niego a ser oveja, no pondré el grito en el cielo. No temblará mi paciencia a la hora de afirmar que estamos ante una buena oportunidad y que sólo con desde una perspectiva valiente y en positivo, conseguiremos pastar en la zona que nos de la gana.




