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Siempre me he considerado más proclive al optimismo rousseauniano que al pesimismo hobbesiano. Jamás quise admitir la veracidad de esa descalificación global de la humanidad que supone el ‘homo homini lupus’. Prefería creer en la innata bondad del ser humano, capaz de los mayores sacrificios y heroísmos en favor de
Ya han comenzado los grandes mítines –no tan grandes, en realidad–, las caravanas electorales –bueno, ya no son lo mismo: la crisis en los medios y la dispersión de la campaña han acabado también con esto–, las grandes soflamas –que vienen a ser, si bien se mira, más de lo
Veinte días. Es lo que queda para que, el domingo 25, vote Europa. Y, presumiblemente, vote también Ucrania, que es el confín Este del Viejo Continente, y el quebradero de cabeza del conjunto de la UE y del mundo occidental en general. Sorprende que, a veinte días de este viaje