Un 96% de los isleños, según la encuesta realizada por mallorcadiario.com, creen que el Estado maltrata a Baleares. Los ciudadanos del Archipiélago se sienten marginados, e incluso ninguneados, por el poder central. La financiación es injusta y choca frontalmente con la sensibilidad demostrada por Madrid hacia otras autonomías, que alcanzan dotaciones que les permiten hasta bajar impuestos, como es el caso de Extremadura. Ante esta evidencia. la ciudadanía echa en falta una mayor contundencia por parte del presidente Bauzá, que por encima de todo es la primera autoridad de las Baleares y está obligado a velar por la dignidad y el bienestar de todos sus conciudadanos. Si el presidente no los defiende y lucha por ellos, ¿quién lo hará?. Pero lejos de asumir este ineludible deber, el inquilino del Consolat se ha enzarzado en batallas internas que han quebrado el consenso social, ha desgastado a su propio pueblo en pugnas intestinas mientras que se ha mostrado genuflexo y ha doblado el espinazo ante las abusivas directrices madrileñas. Luego, en la hora de la teórica recompensada por parte del poder capitalino, no ha recogido otra cosa que un latigazo tras otro. Baleares está en el furgón de cola en financiación e inversiones del Estado mientras en el Paseo de la Castellana presumen del Archipiélago, anunciando que es un adelantado a la hora de la salida de la crisis. Es una broma trágica. Cosidos a impuestos y mal financiados, los isleños tienen que sudar mucho más que los demás para sobrevivir. Y encima, Madrid se pone la medallita mientras niega el pan y la sal a los sumisos baleares. ¿Y qué hace Bauzá? Provoca guerras fratricidas con profesores y maestros para imponer un quimérico y alocado trilingüismo mientras se recortan las dotaciones a los centros docentes. Este ha sido el último surrealista peldaño del via crucis de esta legislatura, marcado por peleas intestinas y autoodio. Ha habido conflicto con el personal sanitario ante el intento del Consolat de cerrar hospitales. Luego hubo gresca con empresarios y comerciantes por los impuestos. Es la tragedia del nunca acabar. Si toda la energía consumida por Bauzá en sus ofensivas contra sus propios conciudadanos las hubiera dedicado a plantar cara al poder central con su pueblo dándole apoyo y cubriéndole las espaldas, tal vez otro gallo cantaría hoy en día en Baleares. De momento, el presidente malgasta toda su pólvora en salvas, debilitando a los suyos y, como consecuencia, haciendo más fuertes a quienes le birlan la cartera.





