Cabrero y diez más

El portero, tan discutido otras veces, salvó un punto para un Mallorca desaparecido del terreno de juego durante toda la segunda parte en la que apenas pisó el área local. En una tarde de muchos tópicos, tanto valdría recordar que tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe, como aquel exclusivamente referida al fútbol que recuerda que si no puedes ganar, al menos no pierdas. Y a eso se aplicó el equipo de Olaizola, tan valiente en sus decisiones como lento y desacertado en los cambios, al empezar con un penalti en contra que neutralizó Cabrero y adelantarse en el marcador un cuarto de hora después. Pero ante un Reus nervioso, precipitado y primario, los visitantes eligieron el peor camino para terminar pidiendo la hora y elevando a los altares a su guardameta que, falta máxima aparte, frustró en tres portentosas intervenciones una victoria catalana que no hubiera sido injusta.

Puntito a puntito costará abandonar las posiciones más inquietantes de la clasificación y desperdiciar la suma de tres en tres como ocurrió en Getafe y se repitió en el Municipal tarraconense parece un lujo excesivo para un equipo proclive a la ansiedad y el desasosiego. Demasiada alternancia entre lo bueno y lo malo, entre le ir y el no ir, entre fases de buen juego y otras de inopia, entre un paso adelante y otro hacia atrás. Las bajas no son excusa, por mucho que sufrieran los laterales, porque también las tenía el técnico local Natxo González, cuyos jugadores supieron sobreponerse a la adversidad del penalti errado y a lomos de su propia fe merecieron mayor premio y un castigo justo para el ulterior conformismo de su rival.

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