Durante la sesión plenaria de investidura celebrada en el Parlament el lunes pasado, el joven diputado autonómico del grupo Podem, Carlos Saura, acudió al hemiciclo en pantalón corto. La irrupción en el panorama político de Podemos parece haber introducido no solo "una nueva forma de hacer política", como ellos insistentemente reivindican, sino también un persistente alardeo de romper con las normas, no solo las escritas sino también las no escritas, la costumbre y en general, con el protocolo.
Ahora que están dentro de las instituciones e incluso presiden el Parlament, los políticos de Podem tiene la oportunidad de cambiar las normas que no les satisfacen, que a lo que se ve son muchas. Sin embargo convendría no incurrir en falta de decoro. No se entiende muy bien por qué razón un diputado puede ir al Pleno del Parlament en pantalón corto, como si fuera a la playa o estuviese en el salón de su casa, e idéntico comportamiento no se permite al personal del Parlament. Los bedeles van uniformados y llevan americana y corbata. ¿Acaso son menos que el diputado Saura?
Llevándolo todo hasta el absurdo, no tiene sentido que la presidenta del Parlament se siente más arriba que los demás diputados. Ni que cada uno de ellos tenga un escaño reservado. Que cada cual se siente donde quiera, quien llegue primero que decida qué asiento ocupa, el que más le guste.
Obviamente este no es un asunto trascendental, no Carlos Saura lo hará mejor o peor según su indumentaria (igual en chandal y zapatillas deportivas mejoraría, no se puede descartar nada) pero cabría recordarle que es un servidor público, que cobra un sueldo público y que debiera procurar en la medida de lo posible guardar la compostura en un lugar como el Parlament, revestido de la máxima dignidad y del mayor rigor. Si no lo hace, demostrará tener muy poco respeto por la Cámara y por los ciudadanos a los que allí se representa. Y también a los trabajadores de la casa, obligados a vestir más decorosamente que un diputado electo.




