Esa falta de destreza personal con las nuevas tecnologías no me preocupaba entonces aún demasiado, pues la verdad es que me agradaba pasar por mi oficina de vez en cuando para hacer alguna gestión o para resolver alguna duda. Las personas de mi generación recordamos aún, además, que hubo un tiempo en que éramos siempre bienvenidos y en que la mayoría de los empleados incluso nos llamaban cariñosamente por nuestro nombre de pila. Y no sólo eso. En esa época, aún no demasiado lejana, las antiguas cajas de ahorros y los bancos nos hacían también regalos de todo tipo con una cierta frecuencia, desde cuberterías hasta enciclopedias, televisores o relojes de cuco.
Desde entonces, las cosas han cambiado en muchos sentidos, diríamos que no siempre para bien. Y no sólo en los bancos. Pero como me gusta ver también las cosas buenas o positivas, también es cierto que mi banco no me cobra hoy comisiones, que sé hacer ya una transferencia yo solito y que aún conservo mi antigua cubertería.
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