Estrasburgo hace un favor a Rajoy

La rapidísima actuación de la Audiencia Nacional acordando la excarcelación de la etarra Inés del Río, veinticuatro horas después de que el Tribunal de Estrasburgo hundiese la doctrina Parrot sobre asesinatos masivos, supone en la práctica un gran favor para el Gobierno Rajoy, que podrá mantener su discreta y efectiva tarea de continuar el proceso de paz  en el País Vasco iniciado por Zapatero sin que las bases del PP se enerven ni exijan responsabilidades a su jefe de filas.

Rajoy tiene abierto y en carne viva el frente catalán. Lo último que quiere ahora son conflictos en Euskadi. Sabe que tiene que afrontar excarcelaciones para continuar la dinámica de pacificación. Estrasburgo le ha echado un capote, ya que el Gobierno pone y podrá etarras en la calle por orden superior y no por su gusto.

Para comprender este proceso hay que remontarse a los terribles años ochenta, cuando estalló un enfrentamiento brutal entre el Gobierno socialista y ETA. Eran los tiempos del GAL y del terrorismo de Estado, de las masacres más terribles e irracionales de los etarras  y de tiroteos en bares del sur de Francia donde se refugiaban miembros de ETA. Aquel proceso llegó a su punto culminante con las frustradas conversaciones de Argel, que no sirvieron para nada. Mientras, el presidente Felipe González estaba cada vez más contra las cuerdas. Altísimos cargos del PSOE se veían involucrados con el terrorismo de Estado. El ministro Barrionuevo y el secretario de Estado Rafael Vera, entre otros, acabaron en la cárcel. González tuvo que ir a declarar ante el Tribunal Supremo, que quería aclarar si era Mister X.

Mientras, el PP de Aznar lanzó una durísima campaña contra el terrorismo de Estado, debilitando y finalmente hundiendo al Gobierno González en 1996. Más tarde, Aznar resistió con coraje el chantaje de ETA tras el secuestro de Miguel Angel Blanco. Aznar lanzó la estrategia de no negociar jamás con el terrorismo. Pero en 2004 el PP perdió las elecciones. El 11-M fue el final de aquel ciclo. El Gobierno del PP -con Rajoy de candidato- trató de convencer de que había sido ETA la autora de la matanza de Atocha. No lo consiguió. Y Zapatero llegó al poder. ETA, una vez más, había marcado un proceso electoral.

Zapatero, ya en el poder, y con Rubalcaba de ministro del Interior, lanzó la estrategia del diálogo con los etarras. Poco a poco fue cosechando éxitos. Y el objetivo final: el alto el fuego fue conseguido poco antes de las elecciones del 2011. Pero la crisis económica mandó al PSOE a la oposición.

Ahora Rajoy se encuentra ante la tesitura de continuar este proceso o dar carnaza a sus bases más derechistas. La sentencia de Estrasburgo le permite sacar etarras de la cárcel sin ensuciarse las manos. Sus ministros Gallardón y Fernández Díaz protestaron ante las cámaras contra la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos, pero en realidad  se estaban quitando un buen problema de encima. Rajoy quiere paz, pero sin que sus bases lo noten.

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