4 de abril de 2020, 4:26:22
EDITORIAL


Turismo a la espera de inversiones públicas



La construcción de los dos nuevos hoteles que el Grupo Pabisa lleva a cabo en Playa de Palma son un ejemplo de la apuesta que importantes empresas privadas realizan en la zona con el fin de atraer un turismo de mayor poder adquisitivo y mayor gasto. Según informaba la compañía este martes, los dos futuros nuevos establecimientos se inaugurarán en 2020; uno de cuatro estrellas superior y el otro de cinco, el primero de Pabisa de esta categoría. En total, la empresa dispondrá el próximo año de una cartera de seis hoteles en propiedad en Playa de Palma.

La apuesta de Pabisa Hotels confirma el interés de los empresarios por relanzar una de las zonas pioneras del turismo en España, dedicando recursos propios a mejorar sus instalaciones y dotar de una nueva vida a un destino que durante años ha estado demasiado castigado. Junto a los nuevos hoteles, en la actualidad se realizan reformas en otros 20 hoteles de Playa de Palma con el fin de aumentar la categoría o ampliar la calidad de la oferta. Con estas inversiones, la oferta hotelera de Playa de Palma quedará conformada por un parque de instalaciones de primer nivel, haciendo posible la recuperación de una de las llamadas "zonas maduras" del turismo balear.

De todas formas, para alcanzar el objetivo de mejorar el destino, las inversiones privadas requieren que también las administraciones públicas destinen recursos a mejorar el entorno. De nada sirve atraer a los hoteles turismo de alto poder adquisitivo si, al salir por la puerta del hotel, el turista se encuentra con calles mal iluminadas, aceras rotas, inseguridad o una oferta complementaria deficiente. Esa es, aún hoy, la realidad de la zona. Algunas inversiones públicas llegarán a Playa de Palma por la vía de convenios, aunque lejos del objetivo expresado por el propio alcalde Noguera de poder invertir en la zona un total de 20 millones de euros.

Con todo ello, la impresión general es que los estamentos públicos se están moviendo a una velocidad de tortuga -y no siempre facilitando el trabajo de los particulares- mientras los empresarios no pierden tiempo a la hora de tomar decisiones, contribuyendo a una profunda transformación del destino. La coyuntura, como se verá esta semana en Fitur, reclama con urgencia acciones públicas en esta dirección si no se quiere perder posiciones frente a otros destinos competidores o perjudicar una industria de la que depende el 45 por ciento de la economía balear.

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