Habrán notado en los pocos meses que llevo escribiendo en este periódico que no me gusta hablar de temas muy serios. Por eso, siguiendo esta tónica, hoy querría hablar de Unió Mallorquina, ese partido que está en liquidación, subasta o caída libre. O, más que de Unió Mallorquina, de su actual dirección. Perdón, de la dirección que tenía hace unos días, antes de que dimitiera. Bueno, no es que dimitiera porque ahora mismo no se sabe si se ha marchado o no ni de dónde, porque no se sabe qué queda de UM. Ustedes verán: quería decir que, a mi entender, lo que estamos viendo es de opereta, de circo, de país tercermundista. Cada vez que hablan nos cuentan que están refundando el partido, pero, cada vez, al día siguiente, detienen a alguien más por haberse renovado tanto. Lo último fue anunciar este lunes la disolución y salir a continuación hacia el juzgado para que el magistrado les dijera que cuidadito con cerrar el partido porque le iba a imponer una fianza y que por lo tanto, tocar algo era delito. O sea que ahora, vuelta a empezar. Tal vez incluso vuelta a empezar con lo de disolverse. En los próximos días ya veremos. Pero, mientras las cosas sigan siendo de chiste, me haré cargo. Porque no me negarán que esto sí que es disparatado.




