Transcurridos 4 años y medio desde que entró a formar parte del accionariado del RCD Mallorca, Utz Claassen se ha hecho dueño y señor del RCD Mallorca. En todo este tiempo el nuevo accionista mayoritario del club bermellón ha sido un acérrimo opositor del pobler y principal candidato a desbancarle. Ha ocupado todas las zonas del terreno de juego, si se puede decir así, hasta hacerse con el control absoluto. Se da la curiosa y sintomática (quizás solo sea anecdótica) circunstancia que los dos clubes de fútbol más importantes de la isla, el Reial Mallorca y el Atlético Baleares, están en manos alemanas, lo que dice mucho de la realidad social isleña. Pero ante la tenacidad y el tesón de Claassen solo cabe quitarse el sombrero. Se lo propuso, lo avisó y finalmente lo ha conseguido.
Sin embargo Claassen no es nuevo en el Club. Ha presumido mucho tiempo de saber hacer las cosas de forma más transparente, consensuada y eficaz. Ha llegado su hora y debe pasar de las palabras a los hechos. Veamos si es tan capaz como alardeaba. Desde luego, la expectación es grande y las expectativas aún mayores. Habrá que ser vigilantes ante los nombramientos del nuevo Consejo de Administración del RCD Mallorca, su política de fichajes y sus contrataciones.
No hay que descartar que ahora el teutón intente colar caballos cojos o vender el Club solo Dios sabe a quién. Pero no elucubremos. Veamos cómo gestiona el club su nuevo presidente y todopoderoso accionista mayoritario.
Lo primero que la afición exige a Claassen es que se someta al escrutinio popular acudiendo al palco presidencial del Iberostar Estadi. Ya no valen excusas ni personas interpuestas. Es hora de coger el toro por los cuernos y empezar a buscar casa en Mallorca. Esto ya no puede ser el pasatiempo de los fines de semana.
Habrá tiempo de analizar el papel de Biel Cerdá, un presidente deplorable que continúa como accionista y cuyas acciones no valen nada. Un tipo que despreció varias ofertas millonaria por su insignificante paquete accionarial por pura avaricia. Soñó que podía obtener más y más y más, hasta que despertó de su sueño multimillonario siendo igual de innecesario e insignificante como siempre fue. Ahora no tiene nada de nada.
Serra Ferrer es el gran derrotado de esta historia. Se ha visto obligado a vender a su principal opositor y en el último minuto. Pero vende por 1,5 millones de euros lo que compró por 2,2, convirtiéndose -dígase lo que se diga- en uno de los pocos accionistas del club que no ha pegado un pelotazo en toda regla. Pocos pueden decir lo mismo.





