El cambio que ha experimentado el tráfico en las carreteras de Mallorca durante los últimos diez años ha sido brutal. No hace falta ser un experto en movilidad para intuir que semejante transformación no se produce de un día para otro. Para empezar, el sustancial incremento demográfico de Baleares ya debería haber funcionado como un piloto rojo que alertara de un colapso en el futuro. Además, temporada tras temporada, hemos seguido batiendo récords de visitantes, con la única excepción provocada por la pandemia. Por tanto, nadie se puede sorprender hoy por los atascos diarios kilométricos.
La semana pasada, el Consell de Mallorca aprobó el inicio de los trámites legales para limitar la entrada de vehículos en la isla. Todos los partidos votaron a favor, excepto Vox, que se abstuvo a pesar de haber defendido durante toda la legislatura su postura en contra de esa limitación. A partir de ese momento, se dio la salida a una loca carrera de autos pilotados por los portavoces políticos.
Ahora, todo son prisas, sobre todo en dos de los participantes en la carrera. La primera, Penélope Glamour, que pide pista para acelerar en la limitación de vehículos olvidando dos cosas: una, que fue presidenta del Consell la pasada legislatura, y su coche ya andaba atascado. Y dos, que milita en el PSIB, un partido que, hace sólo unos años, cuando gobernaba en Baleares, descartó esa limitación después de haberla autorizado en la minúscula Formentera. Pero claro, parecía algo más arriesgado, y más difícil técnicamente, impulsar esa medida en Ibiza o en Mallorca.
El segundo auto loco que pide acelerar los tramites parlamentarios es el Rocomóvil de Mes. Al volante están los hermanos Macana, Pietro y Roco, dos simpáticos trogloditas que impulsan su pedrusco gigante con dos ruedas afirmando, con razón, que ellos fueron los primeros en pedir que se limitara el acceso de vehículos a Mallorca, pero que sus socios de gobierno en la pasada legislatura no les hacían caso. Es una manera como otra cualquiera de reconocer su irrelevancia. A pesar de su aspecto feroz, pasaron por sus consellerías como las mariposas que revolotean sobre un jardín, sin dejar huella.
Así podríamos continuar con el resto de participantes en esta loca carrera de autos en Mallorca, enfrascados en polémicas ridículas sobre quién pidió antes un trámite parlamentario de urgencia y sobre no sé qué fecha de publicación en el BOIB. El hecho cierto es que serán gobiernos del PP los que habrán impulsado esta limitación de vehículos. Un drama para esa izquierda que siguen berreando un eslogan según el cual la derecha sólo está obsesionada con el crecimiento, el cemento y las autopistas.
En Ibiza, Vicent Marí tardó cinco años en realizar todos los estudios técnicos y dialogar con los sectores afectados hasta aprobar, en 2024, una norma consensuada. En 2025, su primer año de implantación, hubo 32.000 vehículos menos en sus carreteras. En Mallorca, Llorenç Galmés ha logrado algo parecido en tres años, pero a los pilotos de la loca carrera de autos en Mallorca les sigue pareciendo un ritmo de tortuga. No como el suyo, que en ocho años gobernando no consiguieron mover sus coches de la línea de salida.
Al igual que el problema de la vivienda, la congestión de la red viaria de Mallorca no se va a solucionar con una sola medida, ni en una sola legislatura. Desconozco el impacto que tendrá esta limitación de vehículos el año que viene. Probablemente, ni el propio Consell lo sabe aún. Lo que es seguro es que esta medida no agravará los atascos.
Mientras tanto, habrá que seguir avanzando en todas esas políticas que los gobiernos de «progreso» no quisieron, no pudieron, o no supieron, impulsar. Hablamos de ejecutar el plan de mejora de los accesos a Palma, de completar el segundo cinturón desde el Coll den Rebassa hasta los depósitos de CLH para descongestionar la Vía de Cintura, o de llevar el tren hasta Lluchmajor, Alcudia, Artá o incluso Andratx, si fuera posible como alternativa al vehículo privado.
Uno de los ejemplos más divertidos de «pensamiento ilusorio» —wishful thinking, lo llaman los ingleses— es aquel que presupone que los ciudadanos dejarán sus vehículos en casa si se ven atrapados a diario en un atasco. En otras palabras, «putear al conductor». Por increíble que parezca, esta es la sandez que guió las políticas de movilidad en Mallorca durante años, y así estamos hoy. Fue una idea digna de Pierre Nodoyuna y de su perro Patán.
José Manuel Barquero




