Una voz de mujer, con tono de desesperación, dice “Las tarjetas de crédito, la casa, la hipoteca, los coches y ahora las vacaciones; ¡las deudas nos comen! ¡No podemos más!”, a lo que una voz masculina ofrece la solución: una empresa ofrece renegociar todas las deudas, para hacerte la vida más fácil. “Si tienes una vivienda, tenemos la solución”. La solución consiste en convertir todas las deudas del día a día, supuestamente dispersas en varias entidades, en un único crédito hipotecario que, lejos de resolver el problema, pone en riesgo también la vivienda familiar. En cambio, el único dato que podría ser útil para el posible cliente, el tipo de interés que se ofrece, no aparece por ningún lugar. Un claro anuncio de crecepelos aplicado a las finanzas, algo que jamás se debería permitir. ¿Pero no decíamos que durante los años locos este país no había sido prudente? Si es así, ¿cómo aún hoy se sigue permitiendo esta publicidad engañosa, en la que se venden soluciones que en realidad son nuevos problemas, aún más graves y comprometedores que los anteriores? Como es obvio, si las deudas “comen” a esta familia, la solución es dejar de tomar vacaciones, no empeñar la vivienda, no seguir en esta carrera que la va a dejar en una crisis insalvable. Uno creía que después de que muchos españoles hayan arruinado su futuro contrayendo hipotecas que nunca podrán pagar, el Estado habría adoptado más medidas de precaución en defensa de esos ciudadanos incautos que siempre están dispuestos a caer en las trampas de los financieros. Pero, ni estos han mejorado en su estilo, ni el Estado hace otra cosa que vendernos planes irreales. Aquí todo sigue igual.
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