No todo vale

A la vorágine desenfrenada en la que entrado Albert Rivera a fin de investirse de salvador de la patria y la monarquía españolas y azote de todos sus pretendidos enemigos, ya sean independentistas, soberanistas, nacionalismos (excepto el español, por supuesto), comunistas, republicanos, inmigrantes, TV3, el cupo vasco, o cualesquiera otros que el ínclito naranjero considere oportuno, ha añadido estos días un capítulo de especial indecencia, al reproducir en su cuenta de “twitter” fotografías de profesores catalanes y un enlace con el artículo original del diario “El Mundo” en el que se detallan sus nombres y especialidades, tildándolos de “separatistas que señalaron públicamente a hijos de guardia civil”.

Él, que siempre se ha quejado de que se acusa y acosa a miembros de Ciudadanos sin respetar su derecho a la libertad y a la presunción de inocencia, dice, sin que se haya sustanciado en ningún proceso administrativo ni judicial, que los profesores señalaron a los hijos de guardias civiles. En el mismo twitt informa de que la fiscalía está investigando, es decir, el mismo reconoce que aun no hay ninguna conclusión sobre los supuestos hechos, pero él se pasa la presunción de inocencia por el arco del triunfo.

No puede el señor Rivera ignorar que al incluir en su cuenta de twitter un enlace con el artículo de “El Mundo” está amplificando “ad infinitum” su difusión, incialmente limitada a la escasa expansión del diario. Y tampoco puede ignorar que al señalarlos como lo ha hecho les coloca a los pies de los caballos y les somete a un auténtico linchamiento mediático. Menos aun cuando denuncia que el gobierno español no les abrirá expediente y advierte al ejecutivo que “con cobardía no se vence al nacionalismo”, acusándolo implícitamente de cobarde, lo que constituye una invitación a actuar contra estas personas, cuando de momento solo hay una investigación de la fiscalía y, por tanto, la belicosidad del señor Rivera puede considerarse un intento de injerencia en las competencias de la fiscalía y de coacción al poder ejecutivo.

El señor Rivera ha conculcado de una tacada la presunción de inocencia, el derecho a la intimidad, la independencia de la fiscalía y, sobre todo, la decencia que se debe exigir a los políticos y que él exige a los demás con gran vehemencia. El mismo ha manifestado en numerosas ocasiones que no todo vale en política, pero parece que se le ha olvidado autoaplicárselo.

Es positivo que quien se ha autoerigido en el paladín de la regeneración política vaya mostrando su auténtica naturaleza, que no es tan limpia, ni tan íntegra, ni tan honesta, ni tan decente como pretende.

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