Estos días calurosos de agosto en que las tres cuartas del país se encuentran de vacaciones, por no decir el noventa por ciento, menudean las tertulias entre amigos a la caída del sol. A veces en la terraza de un vecino, en la sobremesa de un restaurante o sencillamente mientras uno vaga en compañía por una playa o la calle desierta de un pueblo que no se halle en fiestas. En ocasiones aparecen conocidos a los que hace tiempo que no ves o terceros que te acaban de presentar por relaciones de amistad.
Estoy acostumbrado a que cuando alguien no sabe sobre qué conversar recurre al fútbol, dada mi condición, y , además de los inevitable requerimientos acerca de uno si es del Madrid o del Barça, como si no hubiera más opciones ni remedio, la novedad de este año ha resultado ser:
- ¿Y qué pretende hacer con el club este americano que ha comprado el Mallorca?.
Inmediatamente repregunto, elemento pasado de moda en las entrevistas periodísticas,
- ¿Tú qué crees?.
Al fin, ambos, así como el resto de colegas, convenimos:
- Ni idea.
En ocasiones me animo y refresco mis archivos para recordar que ya en el mes de marzo y también tanto antes como después, hice esta y otras preguntas que cinco meses después nadie ha contestado. El desembarco de Robert Sarver encierra hoy el mismo misterio que en el mes de enero, como las cuentas del club o su límite salarial. Podemos sospechar, sólo eso, que a la vista de la escasa inversión efectuada en el mes de enero, aún así superior a la efectuada del 30 de junio hasta hoy, no es oro todo lo que reluce, si es que realmente hay algún metal que brille en el fondo de algún cajón.






