La decisión del Ayuntamiento de Palma de avanzar hacia la implantación de galeras eléctricas marca, por fin, un punto de inflexión en uno de los debates más enquistados de la ciudad. Durante años, la imagen de los carruajes tirados por caballos ha convivido con una creciente incomodidad social: la de seguir sosteniendo, en pleno siglo XXI, un modelo turístico basado en la tracción animal, algo que resulta inaceptable y doloroso para una parte creciente de la ciudadanía, más sensibilizada con el bienestar animal.
El paso dado por Cort —que ya trabaja en las modificaciones normativas necesarias para hacer viable este cambio— no es fruto de la improvisación, sino del consenso alcanzado con el propio sector, que ha aceptado mayoritariamente una transición gradual hacia vehículos eléctricos. Cuando incluso los profesionales asumen que “los tiempos han cambiado”, el debate ha pasado a ser un trabajo colectivo para mejorar un servicio que había quedado desfasado.
Cuando incluso los profesionales asumen que “los tiempos han cambiado”, el debate ha pasado a ser un trabajo colectivo para mejorar un servicio que había quedado desfasado
Porque lo que está en juego no es solo la modernización de un servicio turístico, sino también la capacidad de la ciudad para adaptarse a los estándares éticos y ambientales que hoy exige la sociedad. Palma no puede aspirar a liderar un modelo turístico sostenible mientras mantiene prácticas que, cada verano, vuelven a situar el foco sobre el bienestar animal, con episodios polémicos que han erosionado la imagen del destino.
La alternativa eléctrica elimina el sufrimiento de los animales y abre la puerta a un servicio más eficiente, silencioso y alineado con las políticas de descarbonización que ya se aplican en otros ámbitos de la movilidad urbana.
Es cierto que la transición no estará exenta de dificultades. El coste de los nuevos vehículos y la adaptación normativa exigirán apoyo institucional y planificación rigurosa. Pero ese no puede ser el argumento para perpetuar un modelo agotado.
Palma llega tarde, pero llega. Y lo hace en la dirección correcta: la de una ciudad que entiende que el respeto animal y la sostenibilidad no son opcionales, sino condiciones imprescindibles para cualquier destino que aspire a seguir siendo competitivo. Y lo hace de la mano de un gobierno municipal del PP, que en silencio pero de forma efectiva, soluciona un viejo problema son el ruido y la ineficiencia del anterior equipo de gobierno de Cort de PSOE, Més y Podemos.





