Presbicia electoral

Tengo esa edad en la que las gafas se han convertido en objeto indispensable para desplazarme de un sitio a otro (incluso dentro de casa), y para realizar cualquier actividad que exija ver los precios de los productos en un supermercado, contar el cambio que me devuelven en las tiendas, contar las monedas para pagar los tickets de la ORA (no sé porque estúpida razón insisto en sacar el ticket sin sacarlas del bolso porque al final acabo pagando las luces de navidad de la ciudad yo solita por la gran cantidad de monedas que introduzco al azar). Incluso para comprarme otras gafas de repuesto en la primera farmacia que pillo cuando pierdo las mías, o las aplasto dentro de mi bolso con los cinco kilos de no se que cosas que son las que paseo de un lado a otro (en una especie de penitencia diaria auto impuesta).

Dicho esto he de confesar que son varias las lecturas de los resultados electorales que he podido intuir, según utilice mis gafas o no. En este caso prefiero dejarlas encima de la mesa mientras escribo para disfrutar de esta presbicia electoral que me permite sacar algunas conclusiones que me gustaría compartir.

Lo primero que ponen de manifiesto esos resultados electorales, es la preocupante fractura política y social en Catalunya. La devastadora división, casi en mitades iguales, de la opinión, la sensibilidad, la voluntad de más de cinco millones de ciudadanos. Eso es lo realmente preocupante en realidad y no si Puigdemont vuelve o no a casa, o si Rajoy irá o no, a verle. A mi me preocupa la convivencia cotidiana, el día a día, la tensión insoportable que provoca la frustración y el enfrentamiento constante.

Se pone de manifiesto lo que explicaba en mi artículo de opinión del pasado domingo: que es imposible que quienes no han sabido gestionar el antesde esta crisis, sepan y puedan gobernar el ahoray el después. Es una quimera pensar o esperar lo contrario, un juego diabólico que consiste en auto engañarse para evitar tener que tomar decisiones distintas y complicadas.

En una situación excepcional como ésta (y a estas alturas), no debería ser la normativa legal, aplicada de forma literal y automatizada, la que intentara recuperar el orden, sino la sensatez en una lectura y aplicación de la norma a otro nivel ,capaz de respetar la profunda división existente y la necesidad de mutar la gestión de los tres poderes en una gestión dirigida de forma prioritaria, a dejar de promover la división.

Por no haber sido capaces el Sr. Rajoy y el PP de autorizar un Referéndum en su día (consulta que hubiera tenido hace meses un resultado muy distinto al actual), deben afrontar y respetar el resultado de esta consulta en la que el nivel de participación refrenda todavía más su valor. Dejando de lado esa aplicación literal de la norma a la que se aferran como clavo ardiendo, deben sentarse a dialogar excarcelando a todos los políticos presos (digo políticos presos y no presos políticos) por esta causa.

La tarea de Puigdemont por su parte no es mucho menos ingrata, controlar la sed de confrontación y desestabilización social de la CUP no será fácil. Pero del mismo modo que a Rajoy le pueden cortar la cabeza los suyos si se sienta a negociar, a Puigdemont le pueden cortar la suya los de la CUP incluso antes de investirle President. Tienen ambos la difícil oportunidad histórica de ponerse a los suyos (a los extremistas) por montera y conseguir el pacto más favorable a los intereses de la mayoría: la paz social y la estabilidad económica.

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