La detención el pasado jueves, aunque solo fuera por unas pocas horas, del exministro de Economía durante las dos legislaturas del Gobierno de José María Aznar, exdirector gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y expresidente de Caja Madrid y Bankia, Rodrigo Rato, ha supuesto un mazazo de considerables dimensiones para su imagen pública, ya muy deteriorada tras su imputación en el caso Bankia y en el turbio asunto de las ‘tarjetas black’ de Caja Madrid. A su imputación por falsificación de cuentas, administración desleal, maquinación para alterar el precio de las cosas y apropiación indebida por su gestión en Bankia, ahora se suman los supuestos delitos de fraude, alzamiento de bienes y blanqueo de capitales.
La fortuna de Rato ya estaba siendo investigada desde hace algún tiempo ya que se acogió a la “amnistía fiscal” decretada por el Ejecutivo de Mariano Rajoy en 2012 y regularizó una importante cantidad de dinero. Dado que el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu impuso una fianza de responsabilidad civil solidaria de 800 millones de euros para Bankia, Banco Financiero de Ahorros, tres ex miembros del consejo de administración de Bankia y el propio Rato, este supuestamente podría haber intentado camuflar su fortuna para evitar el embargo de sus bienes, algo que negó como también negó tener bienes en paraísos fiscales o fuera de la Unión Europea. Sin embargo esto no ha evitado que el juez haya ordenado el bloqueo de todas las cuentas bancarias del exministro.
Estas actuaciones suponen un baldón para la imagen del país, pero también demuestran que las instituciones funcionan y que se llevan a cabo investigaciones sin tener en cuenta la trayectoria ni la afiliación política de los supuestos defraudadores. Aunque Rato abandonó el Partido Popular a raíz de su imputación en el caso Bankia, los populares van a sufrir un duro desgaste por este caso. Rato sigue la estela de Jordi Pujol, otro gran líder político que a causa de sus problemas con Hacienda y tras reconocer que tenía dinero sin declarar en el extranjero, ha caído al infierno del desprestigio. Se cierne sobre ambos un panorama judicial muy sombrío.



