GASTRONOMÍA

Cinco recetas de la cocina mallorquina que nunca pasan de moda

La cocina mallorquina no pidió permiso para sobrevivir. Lo hizo sola, con manteca de cerdo, con verduras de temporada, con el aprovechamiento total del animal que durante siglos marcó la diferencia entre comer y no comer.

No son recetas de restaurante de diseño ni de chef con estrella. Son recetas de matanza, de huerto, de domingo en casa de la abuela cuando la abuela todavía cocinaba porque no había otra opción. Y esa es exactamente la razón por la que aguantan.

FRIT MALLORQUÍ: LO QUE SE HACE CUANDO EL CERDO CAE

El frit mallorquí nació el día de la matanza. No al día siguiente, no planificado: ese mismo día, con las vísceras frescas —hígado, pulmón, corazón, riñones—, con las sobrassades todavía sin curar y con el hambre de quien ha trabajado desde el amanecer. Se fríe todo junto en aceite con patatas, pimientos, hinojo silvestre y hierbas aromáticas. El resultado no es elegante. Tampoco pretende serlo.

Lo que nadie explica es que el frit auténtico no se improvisa con lo que haya en la nevera. Requiere vísceras frescas —o al menos de calidad reconocida— y el punto exacto de fritura que separa el plato de un revuelto grasiento. La clave está en el orden: primero las patatas y los pimientos, después las vísceras, y el hinojo fresco al final, para que no pierda el aroma.

Hay variantes. El frit de peix, con pescado y mariscos, es el primo costero. Pero el de mataçó —el de matanza— es el original, el que tiene memoria.

TUMBET: LA HORTALIZA QUE NO NECESITA CARNE

Berenjena, calabacín, pimiento, patata y salsa de tomate. Cinco ingredientes. Ningún secreto aparente. Y sin embargo el tumbet es uno de esos platos que con facilidad sale mal: aceitoso, aguado, con las capas deshechas o la patata cruda en el centro.

El tumbet se fríe por separado. Cada verdura en su momento, escurrida, colocada en capas en una cazuela de barro. La salsa de tomate —hecha, no de bote— corona el conjunto antes de una cocción final que amalgama sin disolver. Ese orden no es opcional. Es la razón por la que el plato funciona.

Es un primer plato, un acompañamiento, una comida completa si el hambre no aprieta demasiado. Y es, probablemente, la mejor demostración de que la cocina mallorquina sabe hacer mucho con poco.

Pero ojo: el tumbet admite huevo escalfado encima, admite pescado al horno como compañía, admite improvisación en los márgenes. Lo que no admite es prisa.

PANADES: MASA, MANTECA Y PACIENCIA

Las panades son el bocado de Semana Santa. O lo eran, porque ahora se hacen todo el año, y nadie se arrepiente de ello. Son empanadillas de masa de manteca —no de aceite, no de mantequilla: de manteca de cerdo— rellenas de carne de cordero o de guisantes, según la tradición de cada pueblo y cada familia.

La masa es lo que marca la diferencia. Una panade bien hecha tiene la base consistente, los bordes replegados con precisión —el repicado es una técnica en sí misma— y el interior jugoso sin estar crudo. Una panade mal hecha es pan duro con relleno seco.

— El truco que no aparece en ninguna receta escrita es el punto de temperatura de la manteca al trabajar la masa: demasiado fría, se rompe; demasiado caliente, se escurre y no liga. —

Se hornean hasta que la masa coge color dorado tirando a tostado. Se comen templadas, aunque frías también aguantan. Son el alimento de viaje, de campo, de excursión larga. La logística mallorquina antes de que existiera el tupper.

CABELL D'ÀNGEL: EL DULCE QUE VIENE DE UNA CALABAZA

El cabell d'àngel —cabello de ángel— es una confitura hecha con la pulpa fibrosa de la cidra cayote, una variedad de calabaza de carne blanca y textura filamentosa que, una vez cocida y confitada con azúcar, produce exactamente eso: hilos finos, translúcidos, dulces. El nombre es descriptivo y no exagera.

Se usa como relleno. En los rubiols de Pascua, en las cocas de cuarto, en las ensaimadas de elaboración más laboriosa. Sin cabell d'àngel no hay pastelería mallorquina tradicional completa, y sin embargo es el ingrediente que más se compra hecho y menos se elabora en casa, porque confitar una calabaza entera lleva horas y el resultado es mucho mermelada para consumo doméstico ordinario.

La cidra cayote no es fácil de encontrar fuera del arco mediterráneo. En Mallorca se cultiva todavía en huertos familiares y aparece en algunos mercados de temporada. Quien quiera hacerlo desde cero necesita la calabaza correcta; con una calabaza común el resultado no es el mismo.

UNA QUINTA RECETA QUE NO PUEDE FALTAR: LA ENSAIMADA

La Fira de l'Ensaïmada celebra la tradición y el producto local en Santanyí.

No como souvenir. No como dulce de aeropuerto envuelto en caja hexagonal. La ensaimada auténtica —elaborada con masa madre, manteca de cerdo ibérico, fermentación lenta de hasta dieciséis horas según el obrador— es uno de los productos de bollería con más historia documental de España. Las primeras referencias escritas datan del siglo XVII, según el Corpus Documental de la Cuina Mallorquina recopilado por investigadores de la Universitat de les Illes Balears.

Hacerla en casa es posible. No es rápido. La masa necesita tiempo para desarrollar estructura, la manteca debe incorporarse en frío y en cantidad generosa, y el enrollado en espiral —que da nombre al producto, de saïm, manteca en catalán— requiere práctica para que el resultado tenga la textura aérea y hojaldrada que la define.

La ensaimada de cabell d'àngel cierra el círculo: el relleno de cidra confitada dentro de la masa más representativa de la isla. Dos elaboraciones lentas que se encuentran.

Tres claves para quien quiera profundizar:

Primero, la materia prima. Varias de estas recetas dependen de ingredientes con denominación o con variedad específica —la cidra cayote, la manteca de calidad, las vísceras frescas— que no tienen sustituto directo. La receta es el método; el ingrediente es la condición previa.

Segundo, el registro escrito. La documentación de la cocina mallorquina tradicional ha avanzado en los últimos años con iniciativas académicas y de archivos autonómicos, pero sigue siendo un campo con lagunas. Varias recetas sobreviven por transmisión oral, lo que significa que hay versiones en disputa y que la "receta original" es siempre una convención.

Tercero, el tiempo. Ninguna de estas cinco elaboraciones admite aceleración sin pérdida. Son recetas que miden el ritmo de quien las hace. Eso, en 2025, es también una declaración de intenciones.

J. Fernández-Ortega

Foto-Periodista especializado en politica, cultura y tendencias. Empezó a colaborar con Mallorcadiario.com en 2019. Director de la web de cultura y ocio lasiestamagazine.com. Vivo cerca del paraíso, escribo bajo la mirada de un objetivo, juego cabalgando sobre la luz, viajo para nutrirme de colores y siempre con poco equipaje.

Entradas recientes

Las ventajas de ser un hexáglota

La primera vez que le dije a un buen amigo mío que yo era un…

29 minutos hace

El 112 activa la alerta amarilla por lluvias y tormentas en Baleares este domingo

El servicio de Emergencias 112 ha activado la alerta amarilla (índice de gravedad-0) por lluvias…

52 minutos hace

Jaime Rebollo, nuevo presidente de NNGG del PP de Palma

Jaime Rebollo es elegido por unanimidad nuevo presidente de Nuevas Generaciones del PP de Palma…

1 hora hace

Vox archiva la denuncia contra Le Senne por acoso laboral a un trabajador

Vox archiva la denuncia interna por acoso laboral contra Gabriel Le Senne tras concluir que…

2 horas hace

Piden a Prohens y a Rodríguez que garanticen la integridad de los activistas de la flotilla a Gaza retenidos

Marxes per Palestina pide al Govern y al Gobierno actuar para garantizar la seguridad de…

2 horas hace

Prisión para el detenido por el apuñalamiento de Platja d’en Bossa

El juez envía a prisión sin fianza al detenido por el apuñalamiento mortal de un…

2 horas hace

Esta web usa cookies.