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Semana Santa

Esta semana, los cristianos conmemoraremos la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Los días de la Pascua que cambiaron el mundo conocido y establecieron una  nueva religión. Un nuevo testamento, un nuevo evangelio, una nueva razón para entender la humanidad y su destino. Mientras que el sistema educativo actual ha eliminado del programa de estudios todo lo relacionado con la religión, ha sustituido el humanismo de la fe con el sometimiento al Estado. No puedo tener fe en una figura histórica que ha modelado nuestra sociedad en los últimos 2000 años, pero sí que he de tener fe en el Estado, que es un invento de los ilustrados del siglo pasado, a partir de las reflexiones de Max Weber. O, como decía Marx, el Estado es la fuerza de los que gobiernan, no de la razón. Por eso, entendemos que el Estado es el que tiene el poder de ejercer la violencia legítima.

En la dicotomía del poder del Estado frente al poder de la razón, siempre gana el Estado. Y lo consigue porque, como representó Goya, el sueño de la razón produce monstruos. La continua maldad de las guerras, de los conflictos sociales, del poder absolutista y dictatorial, anula la capacidad de criticar, de analizar, de observar y sacar conclusiones basadas en la razón. El Estado no quiere ciudadanos que piensen, quiere masas que obedezcan. Cuando desaparece la razón, aparecen sus monstruos: la angustia, la locura, la violencia y el odio. Y esos monstruos nacen de la desinformación, de la imposición del pensamiento único de la dictadura y del poder manipulador de los medios de comunicación, que son las armas del poderoso.

En la antigua Grecia, los clásicos Sócrates, Platón y Aristóteles consideraban que la razón es una cualidad del alma (y no existía el alma cristiana). Santo Tomás de Aquino puso la razón en el centro de su Ley Natural, que es la base de los derechos humanos actuales. Kant, en su Crítica de la razón pura, la convierte en el máximo exponente de la verdadera humanidad: la que piensa y reflexiona. El cristianismo ha sido y es la religión oficial de muchos países. En España lo fue durante 2000 años, hasta que los comunistas la eliminaron. Ahora somos un país laico, que respeta todas las religiones, incluso las basadas en el chiismo. El islam chiita que no respeta las leyes humanas ni los derechos humanos ni la razón. Pero que se basan en la hegemonía y poder del Estado islámico, el de los ayatolás. En sus creencias, destaca su consideración de la razón, Para los chiíes, “cualquier juicio que sea pronunciado por la razón igualmente es pronunciado por la ley islámica y cualquier juicio que es pronunciado por la ley islámica igualmente es pronunciado por la razón». El cristianismo considera que la razón es una de las armas que utiliza Dios para atraer a los que no tienen fe. Cuanto más piensa, critica, estudia, aprende y razona, más el individuo alcanza la perfección que le une o transforma en Dios. Así lo explican las filosóficas budistas, la jaimista (de la India), la taoísta e incluso la zoroástrica. Hoy en el mundo hay seis mil quinientos millones (6.500,000.000) de personas que creen en alguna forma de deidad. Ahora, en plena Semana Santa, hágase, estimado lector, la pregunta del millón: ¿y yo, en qué creo?

 

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