La plebe, la poca que queda, se escandaliza porque el presidente del Tenerife ha formulado una protesta por los últimos arbitrajes que ha sufrido su equipo. Esta mini afición teme que el árbitro asturiano González Fuertes, designado por tercera esta temporada para dirigir al Mallorca, se va influenciado por la pataleta. Pueden estar tranquilos. Lo hará bien. Quien crea en los pajaritos preñados, vale, pero no conoce nada del mundo del fútbol. ¿Que hay árbitros que se venden?, por supuesto; igual que jugadores, políticos, banqueros o curas. Pero cuando lo hacen ni se nota, ni se entera nadie. No es preciso pitar un penalti o anular un gol para influir en el resultado de un partido.
Puestos a fabular, se rumorea que un embajador del Mallorca le ha ofrecido a Pep Lluis Martí ser el entrenador la próxima temporada. Otra cosa es que sea cierto y que Fernando Vázquez lo sepa. Nos lo podemos creer o no, pero de lo que estamos seguros es de que el mallorquín hará todo lo posible para que gane su equipo que, por cierto, también le ha puesto sobre la mesa una jugosa oferta si logra disputar el play off, aunque luego no suba. Cuando llegan las jornadas decisivas se disparan todo tipo de habladurías. Suelen ser charlas propias de alguna tertulia de café y forman parte de la polémica que alimenta la pasión, por el fútbol. Hay maletines, si. Y mientras sean por ganar me parece muy bien. Su prohibición, amparada en la ventaja que supondrían para los clubs más poderosos económicamente, es de una hipocresía galopante, porque todos sabemos que los grandes ya disponen de privilegios más que suficientes.






